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El Puente de Nonoalco


En los tiempos cuando privilegiando al automóvil, los ríos y los canales como el de la Viga o los desecaron o fueron entubados, en esos días cuando toda una época lacustre llegaba a su fin, apareció éste, el primer puente vehicular de La Ciudad de México que servía para librar las vías del tren de la estación de Buenavista, hoy bajo ese puente a desnivel pasa el Tren Suburbano que va hacia Cuautitlán, sobre él circula el Metrobús y por encima, nadie se lo hubiera imaginado, cruza otro puente, el de la avenida Ricardo Flores Magón.

Inaugurado a principios de la década de los años cuarenta también fue escenario de varias películas, una de ellas, Del brazo y por la calle estrenada en 1956 bajo la dirección de Juan Bustillo Oro, la cual entre el 132 de la avenida Insurgentes, la parroquia de San Miguel y por supuesto el Puente de Nonoalco, nos narra la historia de María y Alberto, quienes tratan de superar todas las adversidades a las que se enfrentan.

Lupita Palomera cantó en su momento un bolero de la autoría de Rodolfo Mendiolea, En el Puente de Nonoalco donde el amor, la esperanza y el puente en cuestión son los elementos estelares:

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí
yo presiento que tú vuelves
que tú vuelves como ayer
como cuando no pensabas
en dejarme de querer.

Todas las noches
desde este puente
Rezo en silencio
para que vuelvas
y se que pronto
vendrás de nuevo
por eso espero
confiada aquí.

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí.

Sin embargo la tragedia también ha acompañado a este puente que alguna vez fue de doble sentido y tenía escaleras para subir a él, las cuales seguramente fueron retiradas para hacer desistir a aquellos con tendencias suicidas, quienes con el paso del tiempo tristemente han ampliado sus opciones en esta inmensa ciudad, de cualquier manera mejor hay que quedarnos con lo bello de un puente único y diferente a todos, el más antiguo de nuestra Ciudad de México.

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En Youtube se encuentra un video llamado “La Ciudad de México en los años cuarenta”, donde se hace un recorrido por la avenida Juárez que parte de lo que ahora conocemos como el Eje Central hasta el Paseo de la Reforma, aquí se muestra una avenida Juárez en aquel entonces de doble sentido con un camellón y sobre éste vemos a la altura de la calle Dr. Mora, al minuto uno con doce segundos, una escultura entonces conocida como el Monumento al Trabajador del escultor Ignacio Asúnsolo realizada en 1936.

Pues bien, cuentan que posteriormente ya en los años cincuenta emigró a la Avenida del Trabajo en la colonia Morelos, a la altura de la calle González Ortega, permaneciendo otro tanto de años hasta que de nuevo fue trasladado a su actual ubicación en la Plaza Primero de Mayo del Congreso del Trabajo en el número 44 de la avenida Ricardo Flores Magón.

Una placa que lo denomina ahora como el Monumento al Obrero nos sugiere que fue en 1977 cuando fue llevado hasta ahí, que parece ser el lugar definitivo, donde ha de permanecer hasta el final de los tiempos.

La fábrica de cine


La fábrica de cine, Estudios Churubusco 1945-2017, fue el nombre de una pequeña exposición que nos llevó por 72 años de producción cinematográfica en estos legendarios estudios, compartiendonos muchos objetos interesantes.

Entre ellos el enigmático artefacto de la película La invención de Cronos de 1993, ópera prima de Guillermo del Toro, el mismo que se incrusta en la mano de Jesús Gris (Federico Luppi).

Otro souvenir clásico de aquel nuevo cine mexicano que renacio en los noventas es Cirilo, el oso de peluche que le pertenecía a Tomás (Demian Bichir) en la película Sexo, pudor y lágrimas de 1999.


Dentro de la exposición “La Ciudad de México en el arte, travesía de ocho siglos” que se exhibe en el Museo de la Ciudad de México podemos encontrarnos con esta pequeña gran maravilla, “Plaza Mayor de la Ciudad de México” de Diego García Conde, pintado en el siglo XVIII, donde la diminuta placa gris nos explica lo siguiente:

El eje de esta pintura es la representación de la ceremonia conocida como “salir en público”, el desfile que atraviesa el cuadro desde la puerta del Palacio Real, cuyas almenas ocupan toda la parte inferior hasta las de la Catedral barroca. Representación del papel de la ciudad como “Corte y Cabeza del Reino de la Nueva España”, con todas las autoridades radicadas en ella, en carrozas tiradas por dos caballos, acompañado al virrey, representación del rey, y como tal, único con derecho a carroza de seis caballos.


La Ciudad de México está llena de tesoros históricos ocultos a la vista de todos, que por cuestiones de la inminente rutina diaria, suelen pasar permanentemente desapercibidos, después están aquellas otras maravillas que de entre su esencia ordinaria a todas luces insignificante, tienen el poder de asombrarnos siempre y cuando tengamos la capacidad de descubrirlas.

Ese puede ser el caso del Hotel California que se encuentra muy cerca del metro Centro Médico, donde el propietario, obviamente un fan de The Eagles, le rindió un homenaje al gran clásico de este grupo setentero, no sólo denominandolo con el nombre, también imitando tímidamente la tipografía que se ve en el álbum.


Si hablamos de aquellas canciones que representan a nuestra ciudad, la primera tiene que ser “Mi Ciudad” de Guadalupe Trigo, y también porqué no, “Sábado Distrito Federal” de Chava Flores, sin embargo existe una canción que descubrí hace muy poco y de la que prácticamente nada se sabe, pero que con su letra nos lleva por un nostálgico paseo por la capital de este país que es México, su autor es José Camarillo.

Ahora les comparto la letra, tal vez alguien por ahí la conozca, y si no, acá dejo un enlace sí les interesa escuchar esta maravilla de canción con el Trío Los Mexicanos vía YouTube.

México, México, México…

Los aztecas te formaron,
luego fuiste colonial,
de España te conquistaron,
pero nunca te quitaron tu cielo primaveral.

Dos volcanes de nieve te están vigilando,
y tu emblema es el águila en un nopal,
y en el nopal se paró,
Y luego da ahí voló al pabellón nacional.

Raza de bronce y de hierro
que sabes pelear y morir,
es indómita y muy noble
y también sabe morir.

Paseo de la Reforma, Caballo de Troya que está al comenzar,
y la estatua de Cuauhtémoc, luego el monumento de la libertad,
Bosque de Chapultepec que fuiste testigo de actos sin igual,
lago donde se refleja el viejo Castillo mansión imperial.

Oh, lago de Xochimilco, lindas trajineras, chinampas en flor,
tienes tantos ojos de agua llenos de amapola formando arrebol,
ese Canal de la Viga lleno de hortalizas, nube y margaritas,
eres fiesta popular, Viernes de Dolores allá en Santa Anita.

Calzada de Guadalupe que encuentras reposo frente al Tepeyac,
de feligreses se tupe, doce de diciembre fiesta de verdad,
hay una virgen morena que tiene su templo pegado al cerrito,
todos los que van a verla buscan las gorditas y agua del pocito.

México, mi Tenochtitlan.


La leyenda es muy simple, un día de tantos durante la Revolución el General Francisco Villa entró con su gente a La Ópera, cuando el desorden comenzó a desbordarse, Villa disparó su pistola para mantener la disciplina, el tiro que quedó incrustado en el techo aún se conserva como parte de una realidad o de un mito que se sigue alimentando.

El Restaurante Bar La Ópera fue inaugurado en 1895 en la esquina de Cinco de Mayo y Filomeno Mata, además de la leyenda, cuenta con una barra que fue traída desde Nueva Orleans y toda una ambientación que evoca al Porfiriato de principios del siglo veinte, incluyendo música de salterio.