Feeds:
Entradas
Comentarios


México por dentro, o sea guía de forasteros fue escrito por José Joaquín Fernández de Lizardi, autor también de El Periquillo Sarniento, aquí nos hace un recorrido por la antigua ciudad, aquella que caminamos en la actualidad con otros nombres casi todas ellas, pero si somos observadores unas pequeñas placas de talavera nos murmuran la vieja nomenclatura y nos ayudan a ubicar las calles que nos relata el Pensador Mexicano.

Si vas, Fabio, a la ciudad
(supuesto que eres tan payo),
mis tales cuales avisos
no te parecerán vanos.

Luego que a México llegues,
has de preguntar por varios
con quienes debes tratar,
pues no podrás excusarlo.

Las calles en donde viven
te diré, pero asentado
ten, que si lees con malicia,
yo con mi nota me salvo,
pues jamás mojé la pluma
en la tinta del agravio,
ni a particular persona
dirijo mis despilfarros.

Esto supuesto, si buscas
mujeres, que no es extraño,
en la calle de las Damas
manéjate con cuidado,
pues verás muchas mujeres,
vestidas muy a lo llano,
cuyas acciones pudieran
aprenderlas las de rango.

Otras verás forliponas
al estilo currutaco,
y son unas coquetillas
disimuladas con trapos.

En el Portal de las Flores
hay rostros muy apreciados;
pero en el de Mercaderes
se ven otros muy baratos.

En la de la Cerbatana
hay estuches animados;
pero en la de las Golosas
hay estómagos muy anchos.

Hay mujeres baladronas
de unos picos desollados;
en la calle de las Gallas
viven éstas…, diré diablo.

La calle de la Quemada
tiene solos muchos cuartos;
¡lástima! porque hay casadas
que debieran ocuparlos.

En la calle de Cadena
viven los enamorados;
pero otros suelen vivir
en la calle del Esclavo.

En la calle de los Ciegos
(ciegos son muchos casados)
viven varios, y después
pasan a la del chivato.

Si buscares pretendientes
anda a la calle del Arco,
pues con tanta reverencia
están los pobres doblados.

En Puesto Nuevo hay algunos
que lograron alcanzarlo,
y por la Merced hay otros
que sin blanca se han quedado.

El pretendiente en la calle
vivirá de los Parados;
y más si en puente de Fierro
tiene su vicio ordinario.

Si buscares vanidosos,
vete a la calle de Alfaro,
pues siempre los alfaraches
habitan por esos barrios.

Si quisieres encontrar
maridos disimulados,
búscalos (son buenas señas)
siempre en la calle del Rastro.

Al callejón de la Danza
no vayas si eres casado,
pues allí suele bailar
el honor con pie quebrado.

Si buscas a un embustero,
en la calle de Jurado
hallarás muchos, que mienten
por cada dedo jurando.

En la calle del Vinagre
verás valentones varios,
y éstos dicen que han vivido
en la calle de los Gallos.

Alcahuetas declaradas
y lenones disfrazados
en la calle del Tompeate
tienen prevenidos cuartos.

En la de los Gachupines
hay muchos que han peligrado;
pero en la del Indio Triste
hay criollos en igual caso.

Si se te ofrece pedir,
líbrate de los tacaños,
que en la Pila Seca viven
por no darle ni agua a un gato.

Si buscares a algún pobre,
mira que no has de encontrarlo
en la calle de la Joya;
sí, en el puente de Solano.

Si buscares jugadores
(se entiende, que estén ganando),
regularmente en la calle
del Monte Alegre hallaráslos.

Los jugadores perdidos
que se han quedado arrancados,
en la de la Machincuepa
viven, y de éstos hay varios.

En Tumbaburros habitan
infinidad de borrachos:
y te advierto que los hay
muy decentes y planchados.

En el callejón que llaman
de los Rebeldes, hay hartos,
muy contentos y gustosos
con los vicios que adoptaron;
pero éstos, yo siempre he visto
que se mudan de ordinario
allá a la de la Amargura:
¡tal astilla de tal palo!

En la de la Águila viven…
¡Jesús, cuántos! ¡Jesús, cuántos!
ligeros de pico y garra,
de Gestas primos hermanos.

Aquí robar con ganzúa
es oficio de villanos;
la gracia es robar con plumas,
naipes, romanas y vasos,
et caetera, que no tengo
lugar para hablar despacio
en esto; guárdate tú,
que el tiempo te irá enseñando.

Por la Moneda verás
mil procuradores gamos,
que corren tras de los pesos
más que tras la liebre un galgo.

Si buscares un amigo
(como en el día están muy caros),
en el callejón del Muerto
hallarás alguno acaso;
mas si buscas lisonjeros,
los hallarás sin trabajo
en la de Meleros, pues
derraman miel por sus labios;
pero mira que te advierto:
no te creas de sus halagos,
pues asestan a tu bolsa
aquellos dorados dardos.

Muchos en México viven
de esperanzas, ¡qué mal plato!
búscalos, y en la plazuela
de la Esmeralda hallaráslos.

En San Hipólito viven
los dementes rematados;
pero en toda la ciudad
encontrarás locos mansos.

¿Creerás que en San Salvador
están las que han claudicado
del juicio? Pues te aseguro
que es un evidente engaño;
porque en la iglesia, en la calle,
en las casas, en los teatros
y en todo México, locas
hallarás a cada paso.

Hay una Casa de Pobres…
¿una dije? Miente el labio;
que hay tantas, amigo, hay tantas,
que da dolor el pensarlo;
y lo peor es que hay de ricos
innumerables palacios;
pero siempre la miseria
llorosa los ve cerrados.

Mucho pudiera decirte;
no hay tiempo; y así te encargo
que por el Amor de Dios
vivas, pues es lo acertado;
si así lo haces, en la calle
de la Buena Muerte, Fabio,
será tu última posada
y verdadero descanso.

Anuncios


En el camellón de la avenida Cuitlahuac a la altura de Egipto/Biólogo Maximino Martínez recién inauguraron un conjunto escultórico de Ardín Zamora y Regina Garci, acompañado por una placa que nos explica la escena: Cuitlahuac siendo liberado de su prisión por Moctezuma, quien encarcelado, le dio la orden de dar guerra al invasor, sacrificando su vida y la de todos los dirigentes prisioneros en 1520.

La serpiente de El Eco


En 1952 Mathías Goeritz inicia su primera obra de arquitectura emocional, el Museo Experimental El Eco, patrocinado por su mecenas el empresario Daniel Mont, aquel sería el hogar primigenio de La serpiente también conocida como Ataque que ocupó su sitio en 1953 en el patio de El Eco, “escultura transitable y con funciones de entorno performático” dicen los que saben de arte, un buen día tuvo que salir para perderse en el bosque, después de que el mecenas de Goeritz falleció la falta de financiamiento transformó el lugar en un cabaret entre otrascosas, la serpiente se perdió en el bosque y aún sigue ahí, en el Bosque de Chapultepec, en los jardines del Museo de Arte Moderno, oculta entre las demás esculturas y nuestra ignorancia, seria maravilloso que regresará al Eco.


Este mural de Miguel Covarrubias se exhibió por vez primera en el vestíbulo del Hotel del Prado en 1947, cuatro años después, en 1951, fue trasladado al Museo de Artes e Industrias Populares en Patzcuaro, Michoacán.

Actualmente permanece expuesto en el Museo de Artes Populares de la Ciudad de México, el MAP, donde a pesar de llamar fuertemente la atención por su enorme belleza, suele pasar desapercibido porque tiene la apariencia de ser mucho más reciente de lo que realmente es.


Un clásico del MAM, el Museo de Arte Moderno, es éste óleo sobre tela pintando en 1919 por Jesús E. Cabrera, donde nos da una idea de como era la cotidianeidad en la Ciudad de México de aquellos primeros años del siglo XX, mostrándonos tres elementos que han desaparecido o casi, el primero de estos es el Canal de la Viga que apenas existío pocos años después de que fue realizada esta pintura, transformándose en un insignificante eje vial, el segundo de ellos es un tranvía como los que recorrieron la ciudad hasta principios de los años setenta, cuando el metro recién comenzaba su expansión, por último, el tema principal, las pulquerias, de las cuales quedan apenas unas cuantas, no así los borrachínes, que hoy en día prefieren la cerveza, el tequila y el mezcal por encima del pulque, y aunque todavía se puede ver alguna pulqueria por ahí, ya no es el mismo emporio que llegó a ser en los tiempos de Ignacio Torres Adalid.

Una obra llena de personajes y detalles que vale la pena observar, donde el autor remata con un pequeño anuncio que informa “pulque puro a 6 centavos el litro”.

Crisis de agua


Somos una sociedad donde a lo largo de nuestra historia nos hemos esforzado por desaparecer a toda costa cualquier rastro de los cinco lagos que conformaron la Cuenca del Valle de México, aunque por otro lado, paradójicamente desperdiciamos el agua que nos llega hasta nuestras casas de una manera irresponsable, pués bien, en estos días del llamado megacorte de agua es cuando deberíamos reflexionar y entender que debemos cuidarla permanentemente.

Es tal la importancia del vital líquido siempre presente en nuestra cotidianeidad y nuestro entorno, que durante una “atípica lluvia”, solemos ser víctimas de las inundaciones, que van del común encharcamiento en la vía pública, a la anegación de viviendas que desafortunadamente también suele pasar con bastante frecuencia, valdría la pena recordar la gran inundación de 1626 que dejó desolada a la Ciudad de México, capital de la Nueva España por cinco años.

Por último y aprovechando el tema, sería maravilloso que nos regresarán el Canal de la Viga para pasear en trajinera como tradicionalmente lo hacían nuestros ancestros, es más, deberíamos exigir que se les regrese a los patos la Candelaria de los Patos, otra bonita tradición de nuestra ciudad. Y aterrizando una inquietud, ¿porqué el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México no es viable al ubicarse sobre lo que fue el Lago de Texcoco, y el de Santa Lucía sí lo es, aunque se encuentre sobre lo que fue el Lago Xaltocan?


Luis Covarrubias, quien realizó el mural que se encuentra sobre la maqueta de la gran Tenochtitlan en la Sala Mexica del Museo Nacional de Antropología, previamente ya había pintando algo similar en 1964 y es esta extraordinaria obra conocida como Panorama de México-Tenochtitlan siglo XVI que se ubica en las escaleras del Museo de la Ciudad de México en nuestro Centro Histórico.