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El día 8 de noviembre pero de 1519 se encontraron frente a frente por vez primera en este punto de la Ciudad de México, Moctezuma Xocoyotzin y Hernán Cortés, así que para conmemorar los 500 años de dicho acontecimiento reunieron exactamente en el mismo lugar a los descendientes directos del tlatoani y del conquistador, un acto meramente simbólico que para muchos parecerá trivial pero que al menos evita que un suceso como ese pase por completo desapercibido.

La Vida de Peatón también pone su granito de arena con esta imagen para que conste que el 8 de noviembre del 2019, por ahí de las 12:53, esto es lo que sucedía cinco siglos después.

La ciudad anegada


Este domingo es uno de esos días en que el cielo se cae y la ciudad se convierte en un gran espejo de agua recordándonos que mucho de lo que conforma esta enorme urbe, área metropolitana o megalópolis, como prefieran denominarla, fue un conjunto de lagos de los que sólo queda el recuerdo, mientras la lluvia, todos esos metros cúbicos de agua, parecieran estar buscando algo que jamás volverán a encontrar y se manifiestan, porque definitivamente es una antiquísima tradición manifestarse en la capital de éste país, se manifiestan en forma de los llamados encharcamientos atípicos que buscan el cauce de algún río que ya no corre o que fue entubado para dar paso al automóvil, el cielo se cae, truena y relámpaguea, mientras tanto nos seguimos quejando que por todos lados está inundado, en nuestra ciudad anegada.

El bache que olvidaron


No tiene nada de extraordinario reportar la existencia de un bache en la ciudad, lo que resulta fuera de lo ordinario y a la vez bastante común es hacer mención de uno olvidado por nuestras autoridades, esto no es algo que venga sucediendo ahora durante la mal llamada cuarta transformación, ha pasado desde siempre, es la parte fea del surrealismo que caracteriza a nuestro país y sociedad, algún día alguien tendrá que venir a arreglar lo que estropearon.

Miguel León-Portilla


El Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas para despedir como se merece a Miguel León-Portilla, historiador, lingüista y filósofo mexicano, quien falleció a la edad de 93 años.

Dentro del homenaje un grupo de danza tradicional hizo una guardia junto al féretro, así, entre poemas en náhuatl y música prehispánica se honró la memoria del último gran tlamatini que nos quedaba en estas tierras de la antigua Tenochtitlan.


La Vida de Peatón ha estado en este punto del Parque de la China en tres oportunidades, la primera cuando la escultora de José José desapareció, la segunda después de que la reinstalaron, y ahora en esta ocasión en que Clavería está de luto por el fallecimiento de su hijo pródigo, quizás el último gran ídolo mexicano y uno de los grandes íconos en la música de nuestro país de aquel poco a poco cada vez más lejano siglo veinte, mientras tanto por todos lados suenan El triste, Gavilán o paloma, Buscando una sonrisa, Si me dejas ahora, Ya lo pasado, pasado, Lo que no fue no será, Nadie simplemente nadie, Volcán, Amor, amor, Almohada, Amar y querer, O tú o yo, La nave del olvido y tantas otras, yo en lo personal me quedo (además de con todas esas) con Polvo enamorado…


En lo que la cuarta transformación se materializa a fuerza de repetirse cada mañana entre semana, todo parece estar ya listo para el grito esta noche y desde el balcón de Palacio Nacional, el barandal luce perfectamente pulido, reluciente para la ocasión, mientras tanto un par de individuos practican su grito de la independencia, muy personal por supuesto, saludando y agradeciendo a un pueblo imaginado sobre la plaza del Zócalo, un pueblo feliz, feliz, feliz.

Hablando de esquinas bonitas


Detrás de ese angelito labrado en cantera, parado sobre la cabeza de un león y que sostiene una canasta con fruta, se esconde gran parte de la historia y el conocimiento de la ciudad desde que era capital de la Nueva España, ahí se resguarda desde 1981 el Archivo Histórico de la Ciudad de México, conocido aún como el Palacio de los Condes de Heras y Soto.

Es la esquina de Donceles y República de Chile, una de las esquinas más bonitas en la Ciudad de México, que vale la pena detenerse a observar, un extra es que también resguarda la cabeza de la Victoria Alada que cayó durante el terremoto del 57.