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Como cualquier otro perro callejero, éste tampoco tiene placa, excepto que en este caso se trata de un perro de bronce y la placa en cuestión, es la placa informativa que debe acompañar a cualquier monumento, pero la realidad es que, en efecto, alguna vez estuvo en su sitio y alguien se la robó, un día nuestras autoridades aprenderán a poner placas de piedra porque los que se creen muy vivales y que no son más que insignificantes corruptos jamás dejarán de hurtar las placas para venderlas por kilo.

Sin embargo gracias a internet podemos saber que ese callejero se llamaba Peluso y que fue realizado por la escultora Girasol Botello, éste 2018 cumple diez años de ser parte de nuestra ciudad aunque pocos han notado su presencia, se encuentra en la Avenida Insurgentes Sur a la altura de la calle Moneda en la colonia Tlalpan Centro, la desaparecida placa decía lo siguiente:

Mi único delito fue nacer y vivir en las calles o ser abandonado.

Yo no pedí nacer y a pesar de tu indiferencia y de tus golpes,
lo único que te pido es lo que sobra de tu amor.
¡Ya no quiero sufrir, sobrevivir al mundo es solo una cuestión de horror!
¡Ayúdame, ayúdame por favor!

Peluso.

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En 1980 a la edad de diez años escuchaba la XEW, lo recuerdo bien porque ese año fue su cincuenta aniversario, incluso entré por esa puerta con mi madre para en uno de sus estudios conocer a mi ídolo en esa época, el Gallo Calderón quien esa noche tuvo de invitado a… ni idea de quién era, para mi la estrella era aquel gran locutor.

Éste lugar que aunque sigue siendo la XEW, ahora sirve para grabar programas de televisión que son transmitidos por cable, pero guarda tantísima historia entre sus paredes que más bien debería ser convertido en un museo de la radio, todos los grandes de nuestro país entraron alguna vez o muchas veces por esa puerta, desde Agustín Lara hasta José José, pasando por cualquier cantidad de compositores, cantantes y músicos, muchos de ellos cayeron en un profundisimo olvidó del que deberíamos rescatarlos, nombres que muy pocos recuerdan y ya casi nadie conoce pero que son nuestra historia musical del siglo veinte, quizá en unos doce años justo para cuando W Radio, XEW la voz de la América Latina desde México cumpla cien años pueda ser.


En julio del año pasado el metro de la Ciudad de México le rindió un homenaje al artista Pop Keith Haring, fallecido en 1990, al vestir un convoy con su inconfundible iconografía como parte de una exposición dentro de sus vagones llamada “Ser humano, ser urbano” que recorreria la Línea 2 hasta el mes de septiembre del 2017.

Sin embargo hace unos días me lo encontré sólo que llendo en dirección opuesta a la mía, en fin, algún día tendré la suerte…

Pregones de México


En el año de 1961 la RCA Víctor produjo el disco La voz dulce y mexicana de Columba Domínguez, donde interpreta el tema Pregones de México del compositor Pepe Guízar, acompañada de la Orquesta de Chucho Ferrer.

Ésta es otra de aquellas canciones representativas de nuestra ciudad que aunque muy poco conocida bien vale la pena saber de ella y agregarla al PlaylistCDMX de este blog, no olviden buscarla en YouTube, acá les dejo la letra.

Mexicano de verdad
México es mi capital
con su Catedral preciosa
frente al Zócalo, y al lado
su Palacio Nacional.

¡México es mi capital!
Y despierta mi ciudad
al rumor de los pregones,
de los pobres vendedores
que de calle en calle van.
Van gritando:

¡Marchantita, mercarán!
Merqueme asté las flores de Xochimilco,
amapolitas que ora abrieron pa’ usté.
rosas pa’ que mañana
que es día domingo
se las lleve a la Virgen, nuestra mercé

Nuestra mercé la Virgen de Guadalupe
que es de mi misma raza y es como yo,
trigueñita y descalza a la que supe,
supe nombrar la reina de mi nación,

Mercaráaaan chichicuilotitos vivos.
Tierra pa’ las macetas.
El carbón de puro encino, el carbón.

Ropa usada, botellas, papel que vendan;
sombrillas, zapatos, paraguas
que componer.
Algo que vender, algo que soldar,
caños que destapar.

Así va despertando con sus pregones,
que son como canciones, la capital;
y un trinar de jilgueros y de gorriones
que con el pajarero suelen chiflar.

¡México es mi capital!
Aquí traigo este cantar
inspirado en un rebozo
y en el verde, blanco y rojo
de mi patria sin igual
¡México es mi capital!


En el Jardín de las Artes Gráficas de la colonia Doctores existen cuatro pequeñas fuentes que en algún tiempo antes de 1958 adornaron la plaza principal de nuestra ciudad, ahí permanecieron bastantes años, un tiempo acompañados por los Pegasos de Querol que hoy podemos encontrar en Bellas Artes.

Era un Zócalo donde uno podía pasear y pasar el rato, tenía jardines y palmeras, tenía tranvías que llevaban a la gente a lugares muy lejanos, ahora bajo ese mismo Zócalo está el metro que en pocos minutos nos acerca a los sitios que antes tomaba mucho más tiempo para llegar.

Hoy en día no existe un tranvía que lleve a los que estuvieron ahí de vuelta hacia ese pasado que con nostalgia añoran, ni existe un metro que nos lleve a conocer ese sitio que los que no conocimos nos esforzamos en imaginar cómo pudo ser, pero nos queda en este caso en particular ese jardín que resguarda aquellos preciados tesoros que nos transportan a través del tiempo con un leve impulso adicional del mismísimo internet.


Durante el segundo imperio en nuestro país y quizá como un gesto de agradecimiento por parte de Maximiliano de Habsburgo hacia Juan Nepomuseno Almonte (quien formó parte de la comisión que viajó a Europa para ofrecerle la corona y que además fue hijo del Siervo de la Nación José María Morelos y Pavón), en la antigua Plazuela de Guardiola el emperador inauguró ésta estatua de Morelos durante el año de 1865, a partir de ese momento se le conocería como la Plaza de Morelos, tal y como lo atestigua una litografía de Casimiro Castro en “México y sus alrededores, colección de vistas monumentales, paisajes y trajes del país” de 1869.

Finalmente ya reinstaurada la República, para 1871 la escultura fue retirada dentro de la remodelación que Vicente Escandón llevó acabo a la que en esa época se le conocería como la Casa de los Perros, y de paso se borraría de la historia de nuestro país un evento que encabezó Maximiliano de Habsburgo, así pues habría de ser reubicada en la nueva colonia Morelos en la década de los ochentas del siglo diecinueve, dónde ha pasado desapercibida por más de estos ciento y pico de años.

Hoy se le puede ver en la Avenida del Trabajo bastante deteriorada, con la espada rota, pasando completamente desapercibida, nada digno de presumir, sin duda alguna uno de esos monumentos carentes de relevancia, a todas luces insignificante, pero nadie adivinaría que alguna vez tuvo su gran momento de gloria, su época de esplendor, en fin…

El Puente de Nonoalco


En los tiempos cuando privilegiando al automóvil, los ríos y los canales como el de la Viga o los desecaron o fueron entubados, en esos días cuando toda una época lacustre llegaba a su fin, apareció éste, el primer puente vehicular de La Ciudad de México que servía para librar las vías del tren de la estación de Buenavista, hoy bajo ese puente a desnivel pasa el Tren Suburbano que va hacia Cuautitlán, sobre él circula el Metrobús y por encima, nadie se lo hubiera imaginado, cruza otro puente, el de la avenida Ricardo Flores Magón.

Inaugurado a principios de la década de los años cuarenta también fue escenario de varias películas, una de ellas, Del brazo y por la calle estrenada en 1956 bajo la dirección de Juan Bustillo Oro, la cual entre el 132 de la avenida Insurgentes, la parroquia de San Miguel y por supuesto el Puente de Nonoalco, nos narra la historia de María y Alberto, quienes tratan de superar todas las adversidades a las que se enfrentan.

Lupita Palomera cantó en su momento un bolero de la autoría de Rodolfo Mendiolea, En el Puente de Nonoalco donde el amor, la esperanza y el puente en cuestión son los elementos estelares:

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí
yo presiento que tú vuelves
que tú vuelves como ayer
como cuando no pensabas
en dejarme de querer.

Todas las noches
desde este puente
Rezo en silencio
para que vuelvas
y sé que pronto
vendrás de nuevo
por eso espero
confiada aquí.

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí.

Sin embargo la tragedia también ha acompañado a este puente que alguna vez fue de doble sentido y tenía escaleras para subir a él, las cuales seguramente fueron retiradas para hacer desistir a aquellos con tendencias suicidas, quienes con el paso del tiempo tristemente han ampliado sus opciones en esta inmensa ciudad, de cualquier manera mejor hay que quedarnos con lo bello de un puente único y diferente a todos, el más antiguo de nuestra Ciudad de México.