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Archive for 27 febrero 2011


Normalmente prefiero aquí abstenerme del copy&paste pero encontré una muy buena descripción por la que bien vale la pena hacer una excepción, sobre el árbol de las letras mexiquenses de visita en la XXXII Feria Internacional del Libro en el Palacio de Minería:

El Árbol de las letras mexiquenses simboliza la época en que vivieron cada uno de los 33 personajes, oriundos del Estado de México, destacados en la poesía, la narrativa, la dramaturgia, la historia, la etnografía y las humanidades.

La pieza artesanal expresa la fertilidad creativa del suelo mexiquense, soporte de un árbol, cuyas raíces se hunden en el pasado más remoto y cuyo tronco, está fortalecido por Netzahualcóyotl (1402-1472), Sor Juana Inés de la Cruz (1648-1695), Joaquín Arcadio Pagaza (1839-1828) y Angel María Garibay (1892-1967), entre otros representantes de las letras locales.

Dos mazorcas representan a los hombres nacidos de la tierra del maíz. El árbol está compuesto por flora y fauna típicas de la entidad, la evolución de la topografía, los volcanes mexiquenses y el ‘Hombre Sol’, que se conjugan con elementos tradicionales del árbol de la vida, palomas, hojas y flores.

Modelado y moldeado a mano, quemado con leña y coloreado con pinceles de pelo de gato, el ‘Arbol de las letras mexiquenses’ respeta los principios básicos de la alfarería, que utiliza materiales como arcilla, barro, ocote, conos de barro, tezontle y puntas de espinas de maguey.

Esta obra es creación del maestro Hilario Hernández Sánchez, quien dirigió su realización en el Taller Familiar el Sol, reconocido a nivel mundial por la calidad artística de sus trabajos. El artista mencionó que ocho personas se dedicaron durante poco más de cuatro meses a la elaboración de la obra.

El ‘Arbol de la vida’ es la conjunción de técnicas europeas con la visión de los habitantes de Metepec. La alfarería es distintiva de ese municipio y representa, también, a los 125 municipios que integran del Estado de México, explicó el artesano, a través de la cédula de la obra de alfarería.

Desde principios del siglo XX, Diego Rivera y otros artistas nacionales y extranjeros acudían a ese poblado para adquirir figuras para su Nacimiento, juguetes y piezas decorativas. El atractivo de estas obras radica en la original simulación de seres humanos, animales, plantas.

En un inicio, al candelabro de arcilla se le antepuso un conjunto escultórico que representa el episodio bíblico de la primera pareja, Adán y Eva, situados a ambos lados del árbol el Paraíso, y al centro, enroscada en el tronco, la serpiente que les invitaba a probar el llamado fruto prohibido.

El árbol de la FILPM reúne a los cantores del mundo prehispánico como Netzahualcóyotl, a los cronistas mestizos como Domingo Chimalpan (1579-1660); a los hombres de letras del Virreinato como José Antonio Alzate (1737-1799) y Manuel Gómez Marín (1761-1850).

Llega a los siglos XIX y XX con la polígrafa Laura Méndez de Cuenca (1853-1928), el poeta Joaquín Arcadio Pagaza (1839-1918), y los narradores y ensayistas Alejandro Ariceaga (1946-2004) y Carmen Rosenzweig (1925-2010), entre otros más, todos genios de la pluma.

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Hasta el próximo 6 de marzo permanecerá en el Palacio de Minería la XXXII Feria Internacional del Libro donde el Estado de México es el invitado principal con todo y su Árbol de las letras mexiquenses.

Una buena oportunidad para entrar a husmear y conocer un sitio al que no siempre hay acceso, en especial el Museo Manuel Tolsá entrando por la puerta de Tacuba No. 7, de miercoles a domingo y de 10 A.M. a 6 P.M.

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Las azoteas suelen ser sitios especiales, remansos de paz y de tranquilidad, a donde todos podemos subir un momento escapando de la calle y del interior de nuestros hogares o de nuestros centros laborales, básicamente porque se obtiene una perspectiva distinta de la vía publica, de la bóveda celeste y hasta de nuestra cotidianidad; pero tener la oportunidad de estar en la azotea de un lugar de por si especial como lo es Palacio Nacional es algo no de todos los días.

Yo como muchos quizá jamás tenga la suerte de estar en lo más alto de un sitio con tanta historia como este, aunque al menos un conocido que sus circunstancia le favorecieron para que pudiera llegar hasta ahí, me paso algunas imágenes y un video que comparto con todos los que quieran ver.


Un compañero del trabajo tuvo la oportunidad de estar en un área de Palacio Nacional donde ni el presidente tiene acceso… ¿para que carajos tendría que subir un presidente a la azotea de su palacio?, de cualquier forma, es un sitio al que pocos llegan a pisar, excepto porque tengan que realizar ahí algún trabajo como es el caso (según me comentó), la perspectiva es maravillosa, aunque podría haberle sacado más provecho y hacer un mejor video, el resultado es bastante bueno, de hecho, se ve orgulloso.

Arriba una perspectiva de como se ve el Ayuntamiento del DF desde Palacio Nacional y a continuación la Catedral Metropolitana desde el mismo punto.

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Xico, el de Las leyendas de Xico


Xico, un Xoloescuintle muy simpático que viene desde el ombligo de la luna para ser compañero de sueños y travesias, es además, la imagen principal de un libro llamado “Las leyendas de Xico” de Cristina Pineda, en el que se narran 32 leyendas, cada una, representando a cada estado de la república mexicana, cada leyenda, ilustrada por igual numero de talentosos mexicanos.

Cristina Pineda se inspiró en los perros sin pelo típicos de la época prehispánica y le dio una figura de caricatura con orejas alzadas, sentado y en espera de una caricia; a través del cual, todos aquellos que lo deseen, pueden depositar en su corazón, sus propósitos para el presente año.

La portada para el libro es de la ilustradora Mexicana Flavia Zorrilla Drago, un retablo que retoma elementos de artesanías de varias partes de México incorporando como personaje principal a Xico (Xi=Fuego, Co= Corazón), el sello postal del matrimonio que aparece es la foto de sus abuelos maternos cuando se casaron, el otro sello, es de la Banda el Recodo, lo cual fue explícitamente solicitado por el cliente; contiene un pequeño toque religioso, “figuritas doradas con un listoncito rojo del niño y la niña son milagritos, de esos que cuelgan en las iglesias cuando la gente pide un milagro a un santo o a la virgencita, igual la piernita y las cabezas son también milagritos”, así lo describe la autora.

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Kritosaurus sp.


Este ejemplar es el primer dinosaurio recolectado, preparado y armado en México. Era herbívoro, y vivía formando grandes manadas que habitaban deltas.

Localidad: Presa San Antonio, Municipio de Parras, Coahuila.
Periodo: Cretácico Superior, 70 millones de años.
Fuente: Museo del Instituto de Geología de la UNAM

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Esqueleto de Mamut


Parte de este ejemplar fue colectado por Don Aurelio del Río en 1926 en el Km. 16.6 de la carretera México-Puebla y originalmente se exhibió en el Museo Natural del Chopo hasta 1958.

En 1969 el Biólogo Ángel Silva Bárcenas lo rescató del Museo del Chopo en muy mal estado de conservación por los daños sufridos en años anteriores, por lo que fue necesario completar las piezas faltantes y restaurar las que habían sido dañadas.

Para su reconstrucción se utilizaron restos de doce individuos de la misma especie, colectados en diferentes localidades del país y que habían permanecido guardadas en las bodegas del Museo de Geología, como las colectadas por Don Antonio del Castillo desde fines del siglo pasado, Aguilera 1904, Arellano 1946-1954, De Terra 1953, Silva Bárcenas 1959-1971.

La edad de este ejemplar esta comprendida entre los 7,000 y 9,000 años.

El montaje del esqueleto fue realizado en éste Museo por el biólogo Ángel Silva Bárcenas con la colaboración de los señores Luis Quintos y Miguel Flores, quedando expuesto al público a partir del 28 de noviembre de 1973.

Familia: Elephantidae
Genero y especie: Mammuthus imperator (Leidy)
Edad geológica: Pleistoceno tardío
Localidad: México
Número: IGM 73-5
Fuente: Museo del Instituto de Geología de la UNAM

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La paz en el silencio


Ahora que a principios de este año he tenido que entrar más temprano a mi ordinario trabajo extraordinario, ordinario porque es como cualquier otro y extraordinario porque gracias a él mantengo a mi familia, decía que ahora que tengo que levantarme a las seis de la terrible madrugada con la alarma de mi celular, elegí la Desiderata de Arturo Benavides para que me despierte:

“Camina plácido entre el ruido y la prisa y piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio…”

Y entre la obscuridad y mi somnolencia, le descubri un significado diferente a piensa en la paz que se puede encontrar en el silencio, más allá del concepto de un lugar de tranquilidad donde descansar nuestra agitada existencia transeúnte, simplemente quedarse callado, no mezclarse en chismes, criticas, juicios y prejuicios que no hacen otra cosa más que amargarnos la vida, reprobandolo todo, siendo detractores de los demás, reprochando con censuras y murmuraciones…

Quedarnos callados para encontrar la paz en el silencio sin ir muy lejos.

Un acto simple que es un elogio a nuestra misma persona, una apología silenciosa a nuestro ser, un enaltecimiento involuntario a nuestra humanidad.

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Este es uno de esos lugares que no sólo es interesante por todo lo que permanentemente se exhibe en él, el edificio en si, resulta muy atrayente por sus detalles, cuenta con una sala de Paleontología, además de las de Fósiles, Minerales, Rocas y Meteoritas.

Acontinuación aquellos detalles del Museo del Instituto de Geología:

El 17 de julio de 1890 se inició la construcción de este edificio, ubicado en la 5ta calle del Ciprés No. 2728, actualmente Jaime Torres Bodet No. 176, bajo la dirección del Arq. Carlos Herrera López, en colaboración con el Ing. José Guadalupe Aguilera Serrano, autor de los planos y distribución de las áreas. El 1o de junio de 1904, se inician las labores de investigación con la fundación de la Sociedad Geológica Mexicana y el 6 de septiembre de 1906 se inauguró oficialmente el edificio, con motivo del X Congreso Geológico Internacional.

El diseño, distribución y funcionamiento del edificio fue construido bajo el estilo ecléctico, con detalles franceses propios de la época que se vivía, alternados con motivos prehispánicos entre otros; desde el proyecto inicial fue diseñado para ser utilizado como instituto de investigaciones, con oficinas y laboratorios en el primer piso, así como museo científico, con salas de exhibición permanente en la parte baja.

La fachada del edificio está labrada con ignimbrita (roca volcánica), procedente de Los Remedios, Estado de México. Tiene una forma cuadrangular de tres bloques casi iguales; en los frisos luce un hermoso trabajo de cantera, mostrando en alto y bajo relieve fósiles de peces, conchas y reptiles, además se observan las inscripciones de algunas de las Ciencias de la Tierra: Geología, Paleontología, Geotécnica, Química, Química, Litología y Mineralogía.

En el cuerpo central destacan tres arcos de medio punto decorados, que dan la entrada al museo, bajo éstos, fueron esculpidos fósiles de amonitas y en el pasillo interior, a ambos lados, se aprecia el escudo nacional de la época, trabajado en hierro con acabado en bronce.

En el primer piso que ocupan los arcos, existe una pequeña terraza con ocho columnas de estilo jónico, las cuales se encuentran estriadas a tres cuartos; en los muros, contrapuestos a ellas, existen cuatro medallones elaborados en bronce con los bustos de pensadores de las Ciencias de la Tierra: William Smith, James Hutton, George Cuvier y Abraham Gottlob Werner, mientras que en la parte superior, el centro de la fachada del edificio está rematado con un reloj que melódicamente proporciona la hora.

Al entrar al museo, se contempla un espacioso vestíbulo que cuenta con pisos de mosaico, con motivos pompeyanos, y una majestuosa escalinata estilo Art Nouveau elaborada en Leipzig, Alemania; armada y recubierta en México; formada de dos rampas, adornadas con flores, hojas de acanto estilizadas, forjadas en hierro y descansos de mármol. En el peralte de la escalera se pueden observar grecas pre-hispánicas como elementos decorativos.

En la parte superior del vestíbulo, diez lienzos del paisajista mexicano José María Velasco, representan parte de la evolución de la vida sobre la Tierra, desde sus orígenes en los mares hasta la aparición del hombre. Dos de ellos están dedicados a la vida marina, uno a los anfibios, tres a la evolución de las plantas, dos a los mamíferos y los dos restantes, al hombre primitivo.

También se observan siete bellos emplomados con paisajes del país: Barranca de Teocelo, Veracruz; Las Ruinas del Tepozteco, Morelos; Cascada de Necaxa, Puebla; Erupción del Volcán de Colima, del 24 de marzo de 1903; Cañón del Puente de Chone, Ferrocarril Nacional de México; Órganos de Actopan, Hidalgo y el Pilar de Huayapam-Tepehuanes, Durango.

En el área de la Dirección del museo, se encuentra la Sala de Juntas o Sala de Directores, misma que conserva en sus muros una esplendorosa decoración de terciopelos, enmarcados en finas maderas tallada; una pintura en el plafón muestra artísticamente una alegoría del estudio de la Geología; cuenta con cuatro pequeñas esculturas de bronce, donadas a principio del siglo XX. Los pisos son de parquet francés y los muebles, elaborados especialmente para el Museo de Geología, tienen grabado un mazo y un martillo, elementos integrales del emblema del Instituto de Geología.

Sala Principal

Al centro de esta sala, se observa la reconstrucción de un esqueleto de mamut, siendo éste la culminación del trabajo de diferentes investigadores.
También pueden observarse diversos ejemplares del Reino Mineral, que impactan por su color y forma.

Existen tres vitrales, dos de ellos que muestran motivos de minería: “La máquina de extracción por fuerza hidráulica” y “Sistema de bombas en una mina antigua”, según el Livre des mines d’Agricole (1580), y al fondo un bello vitral representando el interior de la famosa mina de sal polaca de Wieliczka, además de una estatua en honor a José G. Aguilera Serrano y cuatro diplomas otorgados a este Instituto a principios de siglo por su participación en exposiciones internacionales.

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Museo Universitario del Chopo


Originalmente construido con vigas y columnas de acero por la empresa metalúrgica Guttehoffnungshütte para la Exposición de Instalación y Arte Industrial de Düsseldorf, Alemania en 1902, cuando, el empresario mexicano José Landero y Cos, compró el pabellón para crear una sala de exposición de productos industriales; el montaje del edificio se realizó entre 1903 y 1905 en las cercanías de la terminal del tren de Buenavista, en la calle Chopo, actualmente Enrique González Martínez, de la Colonia Santa María la Ribera.

En 1910, sirvió para albergar al Pabellón Japonés de la Exposición Universal de México, celebrada como parte de las fiestas del centenario de la Independencia, entonces conocido como el Palacio de Cristal, debido a que gran parte de la superficie del inmueble estaba cubierta por ventanales.

Antiguo edificio del Museo de Historia Natural, a partir de 1913, hasta que la sede de este museo fue trasladada a su ubicación actual en la segunda sección del Bosque de Chapultepec en 1963, luego en 1973, la Universidad Nacional Autónoma de México decidió rescatar la construcción, inaugurando el Museo Universitario del Chopo, el 25 de noviembre de 1975.

Del 2006 al 2010, el museo se mantuvo en remodelación, y por estos días, ya reabierto, una descomunal caricatura de Emiliano Zapata parece cuestionar:

¿Qué diría mi General del México de hoy?

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Un buen esfuerzo de parte de el señor Octavio Romero Arzate, nacido el 20 de noviembre de 1923 en el barrio de Santa María Maninalco, o mejor dicho, un gran esfuerzo, ya que ser el responsable de un recinto como este y de la colección que en el se muestra no ha de ser fácil y mucho menos a su edad.

Un museo particular donde se exhiben piezas arqueológicas recolectadas por el propio Don Octavio, de quien se dice que desde los 14 años exploró por los antiguos territorios tepanecas en busca de vestigios prehispánicos, incluso sus padres querían meterlo a un manicomio y gracias a sus primeros hallazgos le concedieron el permiso para continuar, los cuales ha compartido con la comunidad desde 1951.

A partir de 1996, el museo quedó establecido en la calle Libertad #35, en la colonia El Recreo, antiguo barrio de Maninalco, debe su nombre al príncipe poeta mexica Tlaltecatzin, cuyos restos fueron hallados en 1985 por el mismo Octavio Romero, y hoy en día permanecen en calidad de depósito en el Museo Nacional de Antropología.

La colección está integrada por objetos que los vecinos de Azcapotzalco le han aportado, además por supuesto, de las piezas que él como director del museo a recolectado a lo largo de su vida en sus más de ochenta años de edad; a pesar del visible abandono y desorganización, polvo y etc etc, lo que cuenta es que hay tanto que esta ahí, que vale la pena observar, contemplar, como las nonantzin, mujeres pariendo, piezas prehispánicas de barro que por si solas resultan sobresalientes; afirma que es el pueblo, y no él ni las autoridades, quienes son el único dueño de las piezas del museo.

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