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Archive for 29 septiembre 2012

Un vistazo al pasado


De pronto al menos esta calle en el Centro Histórico recupero la tranquilidad que hace mucho no veía, muy lejos del ajetreo habitual de tanta gente pasando, vehículos circulando y ambulantes comerciando, sólo que ahora ni siquiera las carrozas jaladas por caballo de principios del siglo diecinueve pueden pasar, primero porque obviamente ya no existen y segundo porque los únicos que pueden transitar por aquí son los metrobuses, ahora se puede recuperar en aproximado una imagen viva de como lucían el Antiguo Palacio de la Inquisición y el Antiguo Edificio de Aduanas por aquellos tiempos, hoy el Museo de Medicina y la Secretaria de educación Publica respectivamente, al menos mientras no pase el Metrobus en este tramo de la calle República de Venezuela.

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El arte de lo vivo


¿ Acaso la vida no es hermosa?

Se nota en las cosas simples, insignificantes dirían algunos, que sin embargo conservan la infinita esencia de lo que es la vida, hay que disfrutar la intensidad de los colores vivos pero también los tonos grisáceos y obscuros que nos salen en el camino, insisto, ningún problema debe pesar más que las ganas de vivir y de seguir siendo.

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 Imagen cortesía de alguien mas.

De dónde venimos?, a dónde vamos?, quiénes somos?

Venimos de un todo absoluto, y dentro del ciclo de ese todo, vamos de vuelta al complejo todo, somos aquellas calles y edificios, esos lugares que amamos, el entorno, nuestra ciudad, que ocupa muchos espacios y más tiempos de los que podemos suponer…

Una disculpa por pensar en voz alta y por atreverme a compartir esta breve reflexión, pero es que es maravilloso vivir en este sitio, con los lugares y las gentes.

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Un paseo por las nubes


Quienes han dado un paseo por Regina, aquel corredor peatonal mucho menos saturado que Madero, pero igual de agradable, habrán notado muy cerca de la Iglesia Regina Coeli el muro que esta cubierto por un jardín vertical, donde una bicicleta y un triciclo parecen dirigirse hacia las nubes, conducidos por invisibles almas en pena, fantasmas o simplemente por seres ficticios de nuestra imaginación.

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Ayer en la madrugada, al menos sobre mí y sobre todos los que vivimos en el área, un turbio nubarrón que parecía inconmensurable cubría el cielo obscuro, sin embargo se sentía un fuerte viento frió, que comenzó a empujar la densa nube gris dejando ver un tono azul claro que habría de permanecer casi todo el día dejando entrar al sol hasta los últimos momentos del atardecer, cuando las grisáceas nubes comenzaron a reconquistar el cielo.

Por supuesto, viviendo tantos en una ciudad tan grande como la nuestra, no todos compartimos el mismo cielo, existen muchas variantes, por eso aquí les dejo una imagen como prueba de como el viento sopló y sopló.

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Esta es quizá, la única escultura de Juventino Rosas en toda la ciudad, un busto del escultor Octavio Ponzanelli, ubicada en la Avenida de los Compositores en la segunda sección de Chapultepec.

Nacido en Santa Cruz de Galeana, Guanajuato, hoy Santa Cruz de Juventino Rosas, un 25 de enero de 1868, murió el 9 de julio de 1894 en Cuba, autor del legendario vals Sobre las olas que dio a conocer a la edad de veinte años.

Según la Sociedad de Autores y Compositores de México, José Juventino Policarpo Rosas Cadenas llegó a la ciudad de México en 1875 junto a su padre y hermano mayor, con quienes formo un trío, el cual se convirtió en cuarteto cuando se incorporo otro de sus hermanos, sin embargo el conjunto se desintegró a causa de la muerte del hermano mayor, quien falleció en una riña de vecindad, al disputar con un rival el amor de una mujer.

A los quince años entró a trabajar a la orquesta que acompañaba a la prestigiada cantante Angela Peralta, con quien salió de gira por el interior del país, pero en Mazatlán se desintegró la compañía al ser atacada por una epidemia de cólera, muriendo víctima de este terrible mal la misma Angela.

Después ingresó al Conservatorio en 1885, donde se matriculó, y realizó entre otros estudios, el de solfeo y Teoría de la Música, pero a los pocos meses salió del Conservatorio; quedando sólo en el mundo al morir sus padres y su hermana, se alistó en una banda militar en el ejército, del cual se retiró al no puder soportar el rigor y disciplina que esta vida le imponía.

El jueves 5 de mayo de 1887, participó en un festival organizado en el Teatro Nacional para conmemorar la batalla de Puebla, con la asistencia del señor Presidente Don Porfirio Díaz y su gabinete, su actuación despertó el interés y el aplauso de todos, y aparecieron poderosos protectores que le abrieron el acceso a mejores posibilidades en su carrera como músico.

En 1888 entró por segunda ocasión a estudiar al Conservatorio pero al poco tiempo, tuvo que volver a separarse del plantel; algunos amigos lo apoyaron para que integrara un grupo musical al estilo de Strauss, con él mismo como director y violinista; comenzó a ser reconocido por la alta sociedad como uno de los grupos más solicitados. Actuaba principalmente en dos sitios de recreo, Baños del Factor y la Alberca Pane, donde la esposa del dueño de uno de estos sitios, Doña Calixta Gutiérrez de Alfaro, recibió como regalo por el día de su santo, un vals que Juventino había titulado precisamente, “Junto al Manantial”.

El compositor Miguel Ríos Toledano hizo el arreglo para piano, cambiándole el nombre antes mencionado, por el de “Sobre las Olas”, con el que fue publicado por sus editores Wagner y Levien Sucs., quienes le pagaron por dos de sus obras, “Lazos de Amor”, chotis, y “Sobre las Olas”, vals, solamente cuarenta y cinco pesos, el 7 de febrero de 1988.

El vals se estrenó en 1891, y rápidamente se hizo famoso, aunque Juventino nunca obtuvo por esta obra, ni la fama, ni el dinero que en justicia le hubieran correspondido.

A los veintitrés años, Juventino Rosas se hizo famoso, no obstante, siguió siendo muy pobre, y en 1893 compuso un vals que tituló “Carmen”, y que obsequió a Doña Carmen Romero Rubio de Díaz, esposa precisamente de Don Porfirio Díaz. Ella lo aceptó halagada y encantada, y le obsequió, como muestra de su agradecimiento, un precioso piano de cola, que casi inmediatamente vendió Juventino, para poder pagar sus deudas más apremiantes. Sin embargo, este vals nunca obtuvo la popularidad que el otro.

En 1894, al parecer en busca de mejores horizontes, o quizá debido a un desengaño amoroso, se embarco hacia Cuba con una compañía de zarzuela.

Juventino Rosas falleció y fue sepultado en aquel lugar, pero en 1909, a través de gestiones diplomáticas, su cuerpo fue trasladado a la ciudad de México, donde fue recibido por los compositores mexicanos Miguel Lerdo de Tejada y Ernesto Elourdy, así como representantes del Ministerio de Educación Pública y Bellas Artes.

La empresa de ferrocarriles puso un carro especial donde se instaló la urna de mármol y dentro de ésta una de cristal con sus restos. Era viernes 16 de julio de 1909. A la llegada del tren, la urna fue llevada al Teatro del Conservatorio, en la calle de Puente de Alvarado. Ahí permaneció dos meses. Después lo llevaron en carroza al Panteón Civil.

En diciembre de 1939 sus restos fueron exhumados para llevarlos a la Rotonda de los Hombres Ilustres.

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Agarrar y decir


“… Entonces Benito Juárez agarró y dijo: Entre los individuos, como entre las Naciones, el respeto al derecho ajeno es la paz”.

Esta forma de expresión tan arraigada en nuestras conversaciones habituales es una constante no sólo entre los peatones más comunes y corrientes, también aquellos con auto propio la usan, incluso hay maestros que recurren a esta muletilla, y no me refiero a maestros plomeros o pintores, sino a aquellos que enseñan en escuelas.

De hecho, permitanme agarrar y decirles que desde hace mucho, muchísimo tiempo, ya es Patrimonio intangible de nuestro lenguaje, aunque nuestros políticos se propongan erradicarla de su vocabulario y los comunicadores de todos los medios sin excepción le hagan el feo.

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