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Archive for 29 abril 2018


En el Jardín de las Artes Gráficas de la colonia Doctores existen cuatro pequeñas fuentes que en algún tiempo antes de 1958 adornaron la plaza principal de nuestra ciudad, ahí permanecieron bastantes años, un tiempo acompañados por los Pegasos de Querol que hoy podemos encontrar en Bellas Artes.

Era un Zócalo donde uno podía pasear y pasar el rato, tenía jardines y palmeras, tenía tranvías que llevaban a la gente a lugares muy lejanos, ahora bajo ese mismo Zócalo está el metro que en pocos minutos nos acerca a los sitios que antes tomaba mucho más tiempo para llegar.

Hoy en día no existe un tranvía que lleve a los que estuvieron ahí de vuelta hacia ese pasado que con nostalgia añoran, ni existe un metro que nos lleve a conocer ese sitio que los que no conocimos nos esforzamos en imaginar cómo pudo ser, pero nos queda en este caso en particular ese jardín que resguarda aquellos preciados tesoros que nos transportan a través del tiempo con un leve impulso adicional del mismísimo internet.

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Durante el segundo imperio en nuestro país y quizá como un gesto de agradecimiento por parte de Maximiliano de Habsburgo hacia Juan Nepomuseno Almonte (quien formó parte de la comisión que viajó a Europa para ofrecerle la corona y que además fue hijo del Siervo de la Nación José María Morelos y Pavón), en la antigua Plazuela de Guardiola el emperador inauguró ésta estatua de Morelos durante el año de 1865, a partir de ese momento se le conocería como la Plaza de Morelos, tal y como lo atestigua una litografía de Casimiro Castro en “México y sus alrededores, colección de vistas monumentales, paisajes y trajes del país” de 1869.

Finalmente ya reinstaurada la República, para 1871 la escultura fue retirada dentro de la remodelación que Vicente Escandón llevó acabo a la que en esa época se le conocería como la Casa de los Perros, y de paso se borraría de la historia de nuestro país un evento que encabezó Maximiliano de Habsburgo, así pues habría de ser reubicada en la nueva colonia Morelos en la década de los ochentas del siglo diecinueve, dónde ha pasado desapercibida por más de estos ciento y pico de años.

Hoy se le puede ver en la Avenida del Trabajo bastante deteriorada, con la espada rota, pasando completamente desapercibida, en apariencia nada digno de presumir, sin duda alguna uno de esos monumentos carentes de relevancia, a todas luces insignificante, pero nadie adivinaría que alguna vez tuvo su gran momento de gloria, su época de esplendor, en fin…

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En los tiempos cuando privilegiando al automóvil, los ríos y los canales como el de la Viga o los desecaron o fueron entubados, en esos días cuando toda una época lacustre llegaba a su fin, apareció éste, el primer puente vehicular de La Ciudad de México que servía para librar las vías del tren de la estación de Buenavista, hoy bajo ese puente a desnivel pasa el Tren Suburbano que va hacia Cuautitlán, sobre él circula el Metrobús y por encima, nadie se lo hubiera imaginado, cruza otro puente, el de la avenida Ricardo Flores Magón.

Inaugurado a principios de la década de los años cuarenta también fue escenario de varias películas, una de ellas, Del brazo y por la calle estrenada en 1956 bajo la dirección de Juan Bustillo Oro, la cual entre el 132 de la avenida Insurgentes, la parroquia de San Miguel y por supuesto el Puente de Nonoalco, nos narra la historia de María y Alberto, quienes tratan de superar todas las adversidades a las que se enfrentan.

Lupita Palomera cantó en su momento un bolero de la autoría de Rodolfo Mendiolea, En el Puente de Nonoalco donde el amor, la esperanza y el puente en cuestión son los elementos estelares:

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí
yo presiento que tú vuelves
que tú vuelves como ayer
como cuando no pensabas
en dejarme de querer.

Todas las noches
desde este puente
Rezo en silencio
para que vuelvas
y sé que pronto
vendrás de nuevo
por eso espero
confiada aquí.

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí.

Sin embargo la tragedia también ha acompañado a este puente que alguna vez fue de doble sentido y tenía escaleras para subir a él, las cuales seguramente fueron retiradas para hacer desistir a aquellos con tendencias suicidas, quienes con el paso del tiempo tristemente han ampliado sus opciones en esta inmensa ciudad, de cualquier manera mejor hay que quedarnos con lo bello de un puente único y diferente a todos, el más antiguo de nuestra Ciudad de México.

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En Youtube se encuentra un video llamado “La Ciudad de México en los años cuarenta”, donde se hace un recorrido por la avenida Juárez que parte de lo que ahora conocemos como el Eje Central hasta el Paseo de la Reforma, aquí se muestra una avenida Juárez en aquel entonces de doble sentido con un camellón y sobre éste vemos a la altura de la calle Dr. Mora, al minuto uno con doce segundos, una escultura entonces conocida como el Monumento al Trabajador del escultor Ignacio Asúnsolo realizada en 1936.

Pues bien, cuentan que posteriormente ya en los años cincuenta emigró a la Avenida del Trabajo en la colonia Morelos, a la altura de la calle González Ortega, permaneciendo otro tanto de años hasta que de nuevo fue trasladado a su actual ubicación en la Plaza Primero de Mayo del Congreso del Trabajo en el número 44 de la avenida Ricardo Flores Magón.

Una placa que lo denomina ahora como el Monumento al Obrero nos sugiere que fue en 1977 cuando fue llevado hasta ahí, que parece ser el lugar definitivo, donde ha de permanecer hasta el final de los tiempos.

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La fábrica de cine


La fábrica de cine, Estudios Churubusco 1945-2017, fue el nombre de una pequeña exposición que nos llevó por 72 años de producción cinematográfica en estos legendarios estudios, compartiendonos muchos objetos interesantes.

Entre ellos el enigmático artefacto de la película La invención de Cronos de 1993, ópera prima de Guillermo del Toro, el mismo que se incrusta en la mano de Jesús Gris (Federico Luppi).

Otro souvenir clásico de aquel nuevo cine mexicano que renacio en los noventas es Cirilo, el oso de peluche que le pertenecía a Tomás (Demian Bichir) en la película Sexo, pudor y lágrimas de 1999.

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