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Archive for the ‘el camino’ Category


Detalle del cuadro atribuido a Nicolás Enríquez, del año 1724, que por estos días se está exhibiendo en el Palacio de Iturbide y que permanecerá ahí hasta mediados de octubre como parte de la exposición Pintado en México, 1700–1790: Pinxit Mexici.

En Fomento Cultural Banamex/Noticias/La Ciudad de México vista por pintores nos explican que en 1724 el virrey Baltasar de Zúñiga le encargó una pintura del paseo de la Alameda y el Convento del Corpus Christi al pintor Nicolás Enríquez. Hasta hacía pocos años, la Alameda había estado en total abandono debido a la falta de fondos para su mantenimiento y las inundaciones que periódicamente asediaban la ciudad. El virrey de Zúñiga mandó limpiar el parque, plantar más árboles y costeó sus cuatro fuentes más pequeñas. Sus labores de renovación del parque quedaron plasmadas en el cuadro, que fue llevado a la corte española.

En la pintura de Nicolás Enríquez aparece también el Convento de Corpus Christi, que en 1720 causó polémica por ser el primer convento para indígenas. Hoy en día el edificio es el Archivo Histórico de Notarías de la Ciudad de México.

Aquí descubrimos una zona muy familiar para todos los que vivimos en la CDMX, pero que nos muestra muchos detalles que si nos los contarán, nos costaría mucho trabajo imaginar como era en aquellos tiempos, vemos los caños por donde viene el agua a la ciudad desde Santa Fe, es decir el acueducto, una Alameda de una menor dimensión con apenas cuatro pequeñas fuentes más una central de mayor tamaño y cuatro puertas por donde sólo se le permitía el acceso a algunos cuantos, casi sobre lo que ahora conocemos como avenida Juárez se aprecian las tres Ermitas del Calvario, detrás del Convento de Corpus Christi nos encontramos con un paisaje muy distinto a lo que conocemos hoy en día, en lugar de asomarse edificios, se ven canales y una especie de pantano o laguna.

Ésta joya pertenece a la colección Patrimonio Nacional, del Palacio de la Almudaina, Palma de Mallorca, España, por lo que difícilmente se le verá en nuestro país en el futuro, es una excelente oportunidad para saber como fue lo que aún es.

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Aunque estos Guardianes desde el primer momento en que los vi me parecieron conquistadores españoles ataviados con sus armaduras para hacer la guerra a los mexicas, pero no, explica su autor, el escultor Xavier Mascaró, que están inspirados en el arte prehispánico mexicano, se les puede encontrar por el Museo del Templo Mayor, la Plaza Seminario y el Centro Cultural de España en México.

Y justamente es la Embajada de España quien organizó está exposición que permanecerá hasta el 20 de septiembre para conmemorar los cuarenta años del restablecimiento de las relaciones diplomáticas con México.

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Warhol was here


Andy Warhol llegó a la Ciudad de México y se instaló en el Museo Jumex a través de la exposición Estrella Oscura, como es habitual en los grandes eventos como éste, está prohibido tomar fotos, lo que no es común, es la presencia de policías uniformados vigilando en el interior a los visitantes, pero bueno, lo que cuelgan de las paredes son ni más ni menos que algunas de las obras iconicas de Warhol, unas cuantas y otras tantas que aunque no son tan famosas vale mucho la pena dedicarles un tiempo a observarlas.

Y sí, confieso que me atreví a sacar una fotografía, pero sólo una, lo que me pareció bastante curioso es que la persona que observa al Elvis Presley Cowboy por un momento me hizo pensar en propio Warhol contemplando su obra.

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Haciendo círculos de jade está tendida la ciudad,
irradiando rayos de luz cual pluma de quetzal está aquí México:
junto a ella son llevados en barcas los príncipes:
sobre ellos se extiende una florida niebla.

¡Es tu casa, Dador de la vida, reinas tú aquí:
en Anáhuac se oyen tus cantos:
sobre los hombres se extienden!

Aquí están en México los sauces blancos,
aquí las blancas espadañas:
tú, cual garza azul extiendes tus alas volando,
tú las abres y embelleces a tus siervos.

Él revuelve la hoguera,
da su palabra de mando
hacia los cuatro rumbos del universo.

!Hay aurora de guerra en la ciudad!

Colección de Cantares Mexicanos, Biblioteca Nacional de México.

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Uno de los leopardos de bronce de Miguel Noreña observa, exactamente igual que hace casi 130 años, cómo transcurre el tiempo que con sus horas, minutos y segundos, años, meses y días, no muestra cambio alguno en su comportamiento.

La que ha cambiado y de que forma, es está, nuestra ciudad, excepto por la casona que le ha hecho buena compañía desde hace más de un siglo, todo lo demás y que no era mucho se ha ido, incluido la estación de ferrocarriles Colonia, poco a poco se fue llenando de todo, cada vez más casas y luego edificios, unos cuantos carros y luego demasiado trafico, algo de gente y luego manifestaciones y plantones… por cierto, aquella casona a la que me refería es la que se le conoce como University Club, a la cuál amenazan con construirle un enorme rascacielos prácticamente encima, cambiándole el nombre a University Tower.

No podemos imaginar lo que sus ojos de bronce contemplarán en un futuro distante.

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Ciudad que llevas dentro
mi corazón, mi pena,
la desgracia verdosa
de los hombres del alba,
mil voces descompuestas
por el frío y el hambre.

Ciudad que lloras, mía,
maternal, dolorosa,
bella como camelia
y triste como lágrima,
mírame con tus ojos
de tezontle y granito,
caminar por tus calles
como sombra o neblina.

Soy el llanto invisible
de millares de hombres.

Soy la ronca miseria,
la gris melancolía,
el fastidio hecho carne.
Yo soy mi corazón desamparado y negro.

Ciudad, invernadero,
gruta despedazada.

Bajo tu sombra, el viento del invierno
es una lluvia triste, y los hombres, amor,
son cuerpos gemidores, olas
quebrándose a los pies de las mujeres
en un largo momento de abandono
-como nardos pudriéndose.

Es la hora del sueño, de los labios resecos,
de los cabellos lacios y el vivir sin remedio.

Pero si el viento norte una mañana,
una mañana larga, una selva,
me entregara el corazón desecho
del alba verdadera, ¿imaginas, ciudad,
el dolor de las manos y el grito brusco, inmenso,
de una tierra sin vida?
Porque yo creo que el corazón del alba
en un millón de flores,
el correr de la sangre
o tu cuerpo, ciudad, sin huesos ni miseria.

Los hombres que te odian no comprenden
cómo eres pura, amplia,
rojiza, cariñosa, ciudad mía;
cómo te entregas, lenta,
a los niños que ríen,
a los hombres que aman claras hembras
de sonrisa despierta y fresco pensamiento,
a los pájaros que viven limpiamente
en tus jardines como axilas,
a los perros nocturnos
cuyos ladridos son mares de fiebre,
a los gatos, tigrillos por el día,
serpientes en la noche,
blandos peces al alba;
cómo te das, mujer de mil abrazos,
a nosotros, tus tímidos amantes:
cuando te desnudamos, se diría
que una cascada nace del silencio
donde habitan la piel de los crepúsculos,
las tibias lágrimas de los relojes,
las monedas perdidas,
los días menos pensados
y las naranjas vírgenes.

Cuando llegas, rezumando delicia,
calles recién lavadas
y edificios-cristales,
pensamos en la recia tristeza del subsuelo,
en lo que tienen de agonía los lagos
y los ríos,
en los campos enfermos de amapolas,
en las montañas erizadas de espinas,
en esas playas largas
donde apenas la espuma
es un pobre animal inofensivo,
o en las costas de piedra
tan cínicas y bravas como leonas;
pensamos en el fondo del mar
y en sus bosques de helechos,
en la superficie del mar
con barcos casi locos,
en lo alto del mar
con pájaros idiotas.

Yo pienso en mi mujer:
en su sonrisa cuando duerme
y una luz misteriosa la protege,
en sus ojos curiosos cuando el día
es un mármol redondo.
Pienso en ella, ciudad,
y en el futuro nuestro:
en el hijo, en la espiga,
o menos, en el grano de trigo
que será también tuyo,
porque es de tu sangre,
de tus rumores,
de tu ancho corazón de piedra y aire,
de nuestros fríos o tibios,
o quemantes y helados pensamientos,
humildades y orgullo, mi ciudad,

Mi gran ciudad de México:
el fondo de tu sexo es un criadero
de claras fortalezas,
tu invierno es un engaño
de alfileres y leche,
tus chimeneas enormes
dedos llorando niebla,
tus jardines axilas la única verdad,
tus estaciones campos
de toros acerados,
tus calles cauces duros
para pies varoniles,
tus templos viejos frutos
alimento de ancianas,
tus horas como gritos
de monstruos invisibles,
¡tus rincones con llanto
son las marcas de odio y de saliva
carcomiendo tu pecho de dulzura!

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Al fin… Finalmente el 2016 se fue, no sin antes llevárse a grandes personalidades como David Bowie, Prince, Leonard Cohen, Keith Emerson y Greg Lake (es decir dos terceras partes de Emerson, Lake & Palmer), George Michael, Isao Tomita, Jean Jacques Perrey, George Martin, José Luis Armenteros, Glen Frey, Betsy Pecanins, Gene Wilder, Zsa Zsa Gabor, Debbie Reynolds, Carrie Fisher (madre e hija), Kenny Baker (quien personifico a R2-D2), Muhammad Ali, Juan Gabriel, Mario Almada, Shimon Peres y Fidel Castro, sólo por mencionar unos cuantos.

En lo que respecta a nuestra ciudad, le tocó ver desaparecer a un personaje que deambulaba por sus calles, Margarito, aquel ser diminutos que también recorrió el metro con su guitarra cantando, otro que también cantaba por toda el área metropolitana con su grupo Tex Tex fue Lalo Tex, quien el próximo 18 de enero cumple su primer aniversario luctuoso.

Especial mención merece Teodoro González de León, extraordinario arquitecto que nos dejó muchas de sus creaciones por toda la Ciudad de México, como una abierta invitación a conocerle a través de su obra.

Sí, el dosmildieciseis nos trajo muchas otras cosas feas y en lo personal diría que una muy mala vibra más cargada hacia fin de año, pero lo importante es que lo sobrevivimos y podemos decir:

Hasta nunca dosmildieciseis
Bienvenido 2017

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