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Warhol was here


Andy Warhol llegó a la Ciudad de México y se instaló en el Museo Jumex a través de la exposición Estrella Oscura, como es habitual en los grandes eventos como éste, está prohibido tomar fotos, lo que no es común, es la presencia de policías uniformados vigilando en el interior a los visitantes, pero bueno, lo que cuelgan de las paredes son ni más ni menos que algunas de las obras iconicas de Warhol, unas cuantas y otras tantas que aunque no son tan famosas vale mucho la pena dedicarles un tiempo a observarlas.

Y sí, confieso que me atreví a sacar una fotografía, pero sólo una, lo que me pareció bastante curioso es que la persona que observa al Elvis Presley Cowboy por un momento me hizo pensar en propio Warhol contemplando su obra.

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Haciendo círculos de jade está tendida la ciudad,
irradiando rayos de luz cual pluma de quetzal está aquí México:
junto a ella son llevados en barcas los príncipes:
sobre ellos se extiende una florida niebla.

¡Es tu casa, Dador de la vida, reinas tú aquí:
en Anáhuac se oyen tus cantos:
sobre los hombres se extienden!

Aquí están en México los sauces blancos,
aquí las blancas espadañas:
tú, cual garza azul extiendes tus alas volando,
tú las abres y embelleces a tus siervos.

Él revuelve la hoguera,
da su palabra de mando
hacia los cuatro rumbos del universo.

!Hay aurora de guerra en la ciudad!

Colección de Cantares Mexicanos, Biblioteca Nacional de México.


En primer plano tenemos al Hospital de Terceros de San Francisco, junto a éste, el acueducto que concluía a unos pasos en la Fuente de la Mariscala, más allá por fin algo conocido, la Alameda Central, a la derecha del Hospital de Terceros que después fue reemplazado por el Palacio de Correos, ya se encontraba el Palacio de Minería y en frente el Convento y Hospital de San Andrés, lugar donde se erigió el Palacio de la Secretaría de Comunicaciones y Obras Públicas, que hoy ocupa el Museo Nacional de Arte.

Estamos hablando que la calle que cruza es el Eje Central, la de este lado, Tacuba, y del otro, Avenida Hidalgo, en aquel entonces la que una vez fue Niño Perdido hacia el sur era la Calle de Santa Isabel, hacia el norte la Calle de las Rejas de la Concepción, este pequeño tramo de Tacuba se le llamaba Calle de San Andrés, Hidalgo era entonces conocida como Calle del Puente de la Mariscala.

Aquí Pedro Gaudi nos transporta al año de 1840 mostrándonos, como el título nos indica, el Palacio de Minería, pero además dándonos detalles de cómo era la cotidianidad en aquellos días, incluidos personajes como el aguador,  unos años antes Charles La Trobe, excursionista en México, le llamó la Ciudad de los Palacios, después de maravillarse con sus portentosas construcciones, ahora en este nuestro presente, todos en algún momento por múltiples motivos hemos pasado por ahí, pero sin darnos cuenta de toda la carga histórica que un lugar como esté puede tener, pues bien, ya tenemos algo en que pensar la próxima ocasión que caminemos por esas calles.


Después de 60 años nuestro Zócalo capitalino ha comenzado a ser restaurado, así poco a poco irán retirando el piso por donde tantas veces caminamos contemplando los alrededores, para ser sustituido por lo que denominan concreto hidráulico…

Y mientras avanza la demolición del asfalto, uno esperaría que de la tierra que va quedando al descubierto emergieran nuestros dioses ancestrales, total, qué les cuesta escarbar ligeramente un poco más profundo; recordemos que cuando en 1790 el conde de Revillagigedo, virrey de la todavía y no por mucho tiempo Nueva España, mandó nivelar el piso de la Plaza Mayor para el nuevo empedrado de entonces, encontraron la Piedra del Sol y un año después la Coatlicue, ojalá Mancera, como un moderno Revillagigedo, aprovechará esta oportunidad única para desenterrar algo de lo que los conquistadores quisieron que jamás nos enteráramos, lo único que se lo impediría son los tiempos que está obligado a cumplir por aquello de los festejos de septiembre.


Uno de los leopardos de bronce de Miguel Noreña observa, exactamente igual que hace casi 130 años, cómo transcurre el tiempo que con sus horas, minutos y segundos, años, meses y días, no muestra cambio alguno en su comportamiento.

La que ha cambiado y de que forma, es está, nuestra ciudad, excepto por la casona que le ha hecho buena compañía desde hace más de un siglo, todo lo demás y que no era mucho se ha ido, incluido la estación de ferrocarriles Colonia, poco a poco se fue llenando de todo, cada vez más casas y luego edificios, unos cuantos carros y luego demasiado trafico, algo de gente y luego manifestaciones y plantones… por cierto, aquella casona a la que me refería es la que se le conoce como University Club, a la cuál amenazan con construirle un enorme rascacielos prácticamente encima, cambiándole el nombre a University Tower.

No podemos imaginar lo que sus ojos de bronce contemplarán en un futuro distante.

El Museo del Metro


Justo a finales de enero de este año se inauguró en la estación Mixcoac de la Línea 12, el Museo del Metro, que nos ilustra por medio de interesantes explicaciones, imágenes, videos y objetos relativos al metro, una historia que apenas está por cumplir cincuenta años.

No podía faltar la presencia de Lance Wyman a través de sus logotipos, tipografía y señalizaciones tan peculiares y únicas, además de una extensa colección de boletos, bonos y tarjetas, también hay la presencia de algunas piezas prehispánicas que fueron encontradas durante su construcción y un acercamiento a Imagen México, la primera exposición que se montó en el metro.

En fin, vale la pena sumergirse en ese pequeño espacio que nos “traslada” a un universo mucho más grande de lo que parece ser.


En un lugar escondido de San Ángel, una fuente, tres bancas de cantera y una piedra con una hermosa inscripción, nos transportan a un universo paralelo, o mejor dicho a una ciudad paralela, donde apenas hay una que otra persona, prácticamente ni un auto moviéndose y una paz y tranquilidad infinitas entre el empedrado y las bugambilias que trepan por las paredes e incluso por las bancas dedicadas cada una a un arcángel, la primera a San Miguel, la segunda a San Gabriel y la tercera a San Rafael.

Es un pequeño jardín donde uno pensaría que han transcurrido los siglos sin modificar en lo más mínimo el entorno, donde si nos contaran que esta plazuela existe desde 1969, nos negaríamos a creerlo definitivamente, simplemente porque aquí el tiempo no existe, y así como el agua no brota de su fuente, pareciera que el tiempo no fluye de ninguna forma, uno quisiera no moverse jamás de ahí, pero volvemos al gentío y al trafico de la ciudad por una razón muy sabia, dejar solitario ese sitio para los siguientes visitantes, nos sin antes llevar en nuestros corazones el mensaje que nos contó la piedra de la Plaza de los Arcángeles:

Vale más
la gracia
de la
imperfección
que la 
perfección

sin gracia