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Posts Tagged ‘Estatuas Esculturas y Monumentos’


Llegaron a la explanada de la todavía delegación, próximamente alcaldía de Azcapotzalco, para hacerle compañía a Tezozomoc, la pareja fundadora de los Tecpanecas, Matlacoatl y Azcueitl, quienes en el año de 1152 dieron origen al linaje chintolo.

La escultura realizada por los artistas Regina Gätsi y Hardin Zamora, cuenta con una copia de menor escala en la Casa de Cultura de Azcapotzalco.

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Como cualquier otro perro callejero, éste tampoco tiene placa, excepto que en este caso se trata de un perro de bronce y la placa en cuestión, es la placa informativa que debe acompañar a cualquier monumento, pero la realidad es que, en efecto, alguna vez estuvo en su sitio y alguien se la robó, un día nuestras autoridades aprenderán a poner placas de piedra porque los que se creen muy vivales y que no son más que insignificantes corruptos jamás dejarán de hurtar las placas para venderlas por kilo.

Sin embargo gracias a internet podemos saber que ese callejero se llamaba Peluso y que fue realizado por la escultora Girasol Botello, éste 2018 cumple diez años de ser parte de nuestra ciudad aunque pocos han notado su presencia, se encuentra en la Avenida Insurgentes Sur a la altura de la calle Moneda en la colonia Tlalpan Centro, la desaparecida placa decía lo siguiente:

Mi único delito fue nacer y vivir en las calles o ser abandonado.

Yo no pedí nacer y a pesar de tu indiferencia y de tus golpes,
lo único que te pido es lo que sobra de tu amor.
¡Ya no quiero sufrir, sobrevivir al mundo es solo una cuestión de horror!
¡Ayúdame, ayúdame por favor!

Peluso.

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Durante el segundo imperio en nuestro país y quizá como un gesto de agradecimiento por parte de Maximiliano de Habsburgo hacia Juan Nepomuseno Almonte (quien formó parte de la comisión que viajó a Europa para ofrecerle la corona y que además fue hijo del Siervo de la Nación José María Morelos y Pavón), en la antigua Plazuela de Guardiola el emperador inauguró ésta estatua de Morelos durante el año de 1865, a partir de ese momento se le conocería como la Plaza de Morelos, tal y como lo atestigua una litografía de Casimiro Castro en “México y sus alrededores, colección de vistas monumentales, paisajes y trajes del país” de 1869.

Finalmente ya reinstaurada la República, para 1871 la escultura fue retirada dentro de la remodelación que Vicente Escandón llevó acabo a la que en esa época se le conocería como la Casa de los Perros, y de paso se borraría de la historia de nuestro país un evento que encabezó Maximiliano de Habsburgo, así pues habría de ser reubicada en la nueva colonia Morelos en la década de los ochentas del siglo diecinueve, dónde ha pasado desapercibida por más de estos ciento y pico de años.

Hoy se le puede ver en la Avenida del Trabajo bastante deteriorada, con la espada rota, pasando completamente desapercibida, nada digno de presumir, sin duda alguna uno de esos monumentos carentes de relevancia, a todas luces insignificante, pero nadie adivinaría que alguna vez tuvo su gran momento de gloria, su época de esplendor, en fin…

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En Youtube se encuentra un video llamado “La Ciudad de México en los años cuarenta”, donde se hace un recorrido por la avenida Juárez que parte de lo que ahora conocemos como el Eje Central hasta el Paseo de la Reforma, aquí se muestra una avenida Juárez en aquel entonces de doble sentido con un camellón y sobre éste vemos a la altura de la calle Dr. Mora, al minuto uno con doce segundos, una escultura entonces conocida como el Monumento al Trabajador del escultor Ignacio Asúnsolo realizada en 1936.

Pues bien, cuentan que posteriormente ya en los años cincuenta emigró a la Avenida del Trabajo en la colonia Morelos, a la altura de la calle González Ortega, permaneciendo otro tanto de años hasta que de nuevo fue trasladado a su actual ubicación en la Plaza Primero de Mayo del Congreso del Trabajo en el número 44 de la avenida Ricardo Flores Magón.

Una placa que lo denomina ahora como el Monumento al Obrero nos sugiere que fue en 1977 cuando fue llevado hasta ahí, que parece ser el lugar definitivo, donde ha de permanecer hasta el final de los tiempos.

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El Hotel Geneve que fue inaugurado en 1907 posee en su Lobby, dentro de un concepto que denominan Hotel Museo, una colección de objetos de época que nos dan un gran paseo por el tiempo, todo en un breve espacio, por ejemplo, dentro de lo que llaman el Phone Bar, una serie de antiguos teléfonos nos hablan de la evolución de estos aparatos tan importantes para la comunicación, tanto que ahora mismo los llevamos con nosotros en todo momento, es en uno de estos teléfonos de los se encuentran en el Lobby, donde se puede escuchar la voz de Porfirio Díaz, quien el 15 de agosto de 1909 grabó en un cilindro de cera un mensaje de agradecimiento para Thomas Alva Edison.

Cuentan que el 20 de noviembre de 1910, día que inició la Revolución, Don Porfirio decidió aparecer públicamente y comer con su familia en el Restaurante Jardín del Hotel Geneve, tal vez por ésta razón en el Lobby Veranda, junto a la puerta del Salón Porfirio, hay una serie de objetos relativos al dictador, un retrato de cuerpo completo al oleo del pintor colombiano Federico Rodríguez, una efigie en marfil y un busto en barro modelado y policromado elaborado en 1886 por Pantaleón Panduro Martínez, la historia de ésta obra narra que en ese año cuando Porfirio Díaz realizo una visita a la ciudad de Guadalajara, Jalisco, una nutrida recepción fue planeada en su honor encabezada por la aristocracia tapatía, quien invitó al escultor de origen indígena Don Pantaleón Panduro, el maestro, celebre en la región de Tlaquepaque por su rapidez y calidad para hacer retratos en barro, en pleno convite empezó a modelar la imagen del presidente, alguien le dio parte a Díaz quien, admirado por el trabajo, le ofreció la suma que pidiera por una efigie, el historiador Ramón Mata Torres apunta que Panduro le solicitó nada más y nada menos que la presidencia del país, para cumplir con su palabra, Díaz se la concedió durante una hora.

Aquí es quizá el único lugar en toda la ciudad, y es probable que también en todo el país, donde se le rinde una especie de culto a este personaje de nuestra historia, que por su sed de mantenerse en el poder cayó en desgracia como tantos otros pero no en el olvido, es innegable que muchos avances de finales del siglo XIX y muchas construcciones que embellecen nuestra ciudad se las debemos al mismísimo Don Porfirio Díaz.

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A quien en su visita al Museo Nacional de Arte les pareció ya haber visto éste busto en bronce de Cuauhtémoc en algún otro sitio, pues están en lo correcto, es la misma escultura que podemos encontrar en el Zócalo muy cerca de Catedral, la cual a pesar de contar con su placa, omite mencionar el nombre de Jesús F. Contreras, autor no sólo de ésta sino también de muchas otras de las grandes obras que podemos encontrar por nuestra ciudad, como el conjunto escultórico del Jardín de la Triple Alianza a unos pasos del Munal y Malgré Tout en este mismo museo y en la Alameda.

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¡Pues bien!, una de las historias de amor más famosas entre todas las que han acontecido en nuestra ciudad, es sin duda la del inconmensurable cariño que Manuel Acuña Narro le profesó en los siguientes versos a Rosario de la Peña y Llerena, según cuenta la leyenda, también fue la razón (o sin razón) por la que el poeta nacido en Saltillo, Coahuila el 27 de agosto de 1849, terminó abruptamente con su existencia un 6 de diciembre de 1873 cuando a la edad de 24 años le dió un sorbo al cianuro de potasio en el cuarto que le fue asignado en la entonces Escuela de Medicina, en lo que alguna vez fue el Palacio de la Inquisición, en la esquina de República de Brasil y República de Venezuela de nuestro Centro Histórico de la Ciudad de México.

Nocturno a Rosario

I

¡Pues bien! yo necesito
decirte que te adoro
decirte que te quiero
con todo el corazón;
que es mucho lo que sufro,
que es mucho lo que lloro,
que ya no puedo tanto
al grito que te imploro,
te imploro y te hablo en nombre
de mi última ilusión.

II

Yo quiero que tu sepas
que ya hace muchos días
estoy enfermo y pálido
de tanto no dormir;
que ya se han muerto todas
las esperanzas mías,
que están mis noches negras,
tan negras y sombrías,
que ya no sé ni dónde
se alzaba el porvenir.

III

De noche, cuando pongo
mis sienes en la almohada
y hacia otro mundo quiero
mi espíritu volver,
camino mucho, mucho,
y al fin de la jornada
las formas de mi madre
se pierden en la nada
y tú de nuevo vuelves
en mi alma a aparecer.

IV

Comprendo que tus besos
jamás han de ser míos,
comprendo que en tus ojos
no me he de ver jamás,
y te amo y en mis locos
y ardientes desvaríos
bendigo tus desdenes,
adoro tus desvíos,
y en vez de amarte menos
te quiero mucho más.

V

A veces pienso en darte
mi eterna despedida,
borrarte en mis recuerdos
y hundirte en mi pasión
mas si es en vano todo
y el alma no te olvida,
¿Qué quieres tú que yo haga,
pedazo de mi vida?
¿Qué quieres tu que yo haga
con este corazón?

VI

Y luego que ya estaba
concluído tu santuario,
tu lámpara encendida,
tu velo en el altar;
el sol de la mañana
detrás del campanario,
chispeando las antorchas,
humeando el incensario,
y abierta alla a lo lejos
la puerta del hogar…

VII

¡Qué hermoso hubiera sido
vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre
y amándonos los dos;
tú siempre enamorada,
yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma,
los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros
mi madre como un Dios!

VIII

¡Figúrate qué hermosas
las horas de esa vida!
¡Qué dulce y bello el viaje
por una tierra así!
Y yo soñaba en eso,
mi santa prometida;
y al delirar en ello
con alma estremecida,
pensaba yo en ser bueno
por tí, no mas por ti.

IX

¡Bien sabe Dios que ese era
mi mas hermoso sueño,
mi afán y mi esperanza,
mi dicha y mi placer;
bien sabe Dios que en nada
cifraba yo mi empeño,
sino en amarte mucho
bajo el hogar risueño
que me envolvió en sus besos
cuando me vio nacer!

X

Esa era mi esperanza…
mas ya que a sus fulgores
se opone el hondo abismo
que existe entre los dos,
¡Adiós por la vez última,
amor de mis amores;
la luz de mis tinieblas,
la esencia de mis flores;
mi lira de poeta,
mi juventud, adiós!

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