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Posts Tagged ‘La Villa’

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Tradicional Altar de Dolores del Templo Expiatorio a Cristo Rey, Antigua Basílica de Guadalupe

Siguiendo la tradición que se creó en la Nueva España desde el siglo XVII, el 6º Viernes de Cuaresma, se prepara un altar dedicado a la Santísima Virgen en su advocación de la Dolorosa, con una finalidad catequética y con la intención de los fieles de mitigar el dolor que experimentará la Virgen de María a lo largo de su vida, particularmente al pie de la Cruz de su Hijo, Jesucristo.

Cada elemento colocado en este altar tiene su importancia y simbolismo. En su conjunto pareciera un “incendio”, por lo que así también fueron conocidos los altares puestos en cada hogar.

Esta hermosa tradición de los Altares de Dolores, con el brillo de las banderitas de oro, el juego de color del vidrio azogado de las esferas y el aroma de las flores, pretende conmover a quienes los contemplan y oran ante ellos. Así, a través de los sentidos de la vista y el olfato, se invita a la compasión y al compromiso de ser mejores, ante las aflicciones de la Virgen Santísima.

En este recinto en el siglo XVIII, la Virgen de los Dolores tenía su altar permanente y durante su fiesta, todo el Cabildo la celebraba con un oficio especial, que incluía la participación de su capilla musical, que entonaba es esa ocasión el Stabat Mater, que es el canto ofrecido en desagravio a este duro trance de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo.

El tradicional “Viernes de Dolores”, que se celebra el viernes anterior a la Semana Santa, era una oportunidad de oración y convivencia de los fieles que, desde muy temprano acudían por el “Canal de la Viga” a “Jamaica de las flores” a comprar las flores frescas para sus altares domésticos. Las tardes eran ocupadas para recorrer los diferentes barrios de la Ciudad de México, haciendo visitas y realizando oraciones piadosas en los diferentes hogares donde se había levantado un “incendio”. De ahí surge una expresión propia de estos altares. Cuando la gente llegaba a las casas preguntaba “¿Lloró la Virgen?” y las personas de la casa contestaban “Sí, sí lloró”, y daban a los visitantes un vaso de agua fresca para aliviar el calor de la primavera. Las lágrimas que para algunos son amargas y para otros simplemente saladas, no pueden ser desagradables tratándose de las de la Madre de Cristo, por lo que se ofrecía agua de horchata que representa la leche materna de la Virgen, de flor de Jamaica que nos recuerda a la sangre de Cristo y de limón con chía que simboliza las lágrimas de la Virgen María.

En el “Altar de Dolores”, se conjugan la alegría y la tristeza, por ser de un ambiente festivo sin perder la sobriedad y penitencia que la Cuaresma impone. La costumbre del Altar de Dolores, era también una oportunidad para que amigos y extraños convivieran amistosamente, pues a todos se les recibía con el mismo agrado. La familia entera solía rezar el Rosario a una hora determinada y a ese homenaje piadoso se unían los visitantes.
Esta tradición extendida en varios estados de nuestro país tomó diferentes matices regionales, por lo que, no todos los altares son iguales ni tienen los mismos elementos.

DESCRIPCIÓN DEL ALTAR DE DOLORES DEL TEMPLO EXPIATORIO A CRISTO REY,
(que se montó al estilo propio de la capital de la Nueva España.)

Los elementos que lo componen son los siguientes:

Preside el Altar la imagen de la Virgen María, con sus manos entrelazadas en señal de dolor, atravesada por siete espadas, lleva un pañuelo en las manos para enjugar sus lágrimas por los pecados de la humanidad, esta ataviada como se representaba en diferentes pinturas del siglo XVIII y XIX.

Debajo de Ella, hay cirios con decoraciones de “cera escamada” en candeleros y veladoras, elemento primordial, ya que su luz, al llegar a las esferas e iluminar las banderas de hoja de oro, hace que parezca que hay “un incendio” en el lugar. Nombre con el cual también eran conocidos los Altares de Dolores.

Las banderas de hoja de oro, insertadas en naranjas, nos recuerdan el corazón de María atravesado por las espadas. La hoja de oro, con el calor de las velas produce destellos y sonidos como el crepitar de la leña en la hoguera, que se unen al murmullo permanente de los fieles en oración continua, ante el altar.

La alfombra de aserrín, procura imitar las ricas alfombras de las casas adineradas y se coloca para simbolizar el deseo de suavizar el camino de Jesús y de la Virgen María hacia el Calvario.

Los diferentes botellones con agua nos recuerdan las lágrimas vertidas por la Santísima Virgen iluminadas por la Fe en la esperanza de la Resurrección de Cristo.

El agua utilizada para la germinación del trigo y otras semillas nos recuerda las “lágrimas de la Virgen” y los germinados colocados en macetas y “animalitos de barro”, la materia para el Pan Eucarístico. Estos granos germinados, que mueren para dar vida, simbolizan a Cristo que muere y resucita para que los hombres tengamos Vida Nueva y alcancemos la Vida Eterna.

De la parte superior cuelgan unas cortinas de papel picado con el monograma de María con las iniciales M y A y otros con el Corazón de siete espadas. Las familias de escasos recursos suplían los encajes, calados y blondas con el famoso “papel picado” de china, de diversos colores. El trabajo de papel picado era, y sigue siendo, un reto para la imaginación de los artistas populares.

También se colocaron estrellas iluminadas que nos recuerda a la Virgen María como Reina del Cielo.

Al centro de la parte inferior se encuentra un “corazón atravesado por siete espadas” y a los costados, dos cuadros con el monograma de Jesús y de María, elaborados de manera artesanal con semillas, siguiendo la tradición de ofrecer a la Virgen la gran variedad de semillas que se iban a sembrar y las que se habían cosechado. El corazón nos invita a recordar los sufrimientos y a contemplar los siete dolores de la Virgen María que son:

1. La presentación del Niño Jesús en el Templo.
2. La huida a Egipto.
3. El Niño perdido y hallado en el Templo.
4. El encuentro de la Virgen María, con su Hijo, en el camino al Calvario.
5. La muerte de Jesús en la Cruz.
6. Jesús, bajado de la Cruz y depositado en los brazos de su Madre.
7. La sepultura de Jesús y la soledad de la Virgen María.

Los ángeles pasionarios que flanquean el Altar nos muestran los llamados “Arma Christi” o instrumentos de la Pasión nuestro Señor: las monedas, los flagelos, la columna, la corona de espinas, el velo de la Verónica, los clavos, el martillo, las pinzas, la lanza, la esponja, la túnica, los dados, el cartel de INRI, la escalera, el sudario, la vasija que contenía la mirra con que José de Arimatea ungió el Cuerpo de Cristo.

Nosotros nos unimos a través de este altar a Jesucristo en su pasión, en su Cruz y en su resurrección, acompañando a la Virgen María, Madre suya y nuestra, como expresión de compasión y solidaridad con Ella y con su Hijo, como manifestación de gratitud y solicitud para que siempre nos acompañe en nuestras penas, con la intención de separarnos del pecado y vivir siempre como hermanos, bajo la mirada compasiva de nuestra Madre del Cielo.

Diseño e instalación de Luis Alberto RosHer

Data in situ
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Imagen de la Virgen de Guadalupe


Todo aquel creyente que ha visitado La Villa y cruza el pasaje bajo la tilda de la Virgen de Guadalupe, se lleva un recuerdo en la memoria de su celular, tal vez esta sea una de las imágenes que más es fotografiada con teléfonos y con toda seguridad la que más permanece en estos aparatos, de hecho, mucha gente la usa de papel tapiz o de protector de pantalla.

Si a alguien por ahí le interesa, puede descargar desde esta pagina y hasta su celular esta imagen, en caso de que una visita a La Basílica les resulte complicada por la distancia o por lo que sea…

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En el Tepeyac


Un lugar casi mágico de nuestra ciudad, a pesar de tantísima gente que confluye, son estas escaleras en lo que se le llama el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, por las que se puede llegar al sitio donde se recuerda el milagro de las apariciones de la Virgen de Guadalupe en donde desde 1526 se ubica la primera parroquia construida en el Tepeyac, la Capilla del Cerrito.

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Un papamóvil a la mexicana


Este es el papamóvil que Juan Pablo II uso en su primer visita a la Republica Mexicana y que es ni más ni menos que un camión Dina al cual se le removió el toldo y las ventanas laterales para que el pueblo pudiera contemplar al papa.

Actualmente se exhibe entre la antigua y la nueva Basílica de Guadalupe.

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