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Posts Tagged ‘Palacio Nacional’


Habrá quien haya visto esta escultura y luego exclamara: “¡esa es la Diana Cazadora!”, para después de leer la placa corregirse: “no, no puede ser porque esta se llama la Cazadora de las Estrellas del Norte…”

Dentro de la exposición Acervos artísticos de la nación en custodia de la SHCP en la galería de Palacio Nacional, y como parte de la Colección Pago en Especie, se encuentra esta versión más ligera y menos voluminosa de la obra más representativa de Fernando Olaguíbel, del año 1942, es una exposición que da sorpresas agradables como esta.

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Permanentemente en Palacio Nacional desde 1896, cuando Porfirio Díaz mandó traerla de Dolores, Guanajuato, fue colocada sobre el balcón central del Palacio el 14 de septiembre, conocida originalmente como el Esquilón San José, fue la campana que tocó Miguel Hidalgo y Costilla para convocar a los pobladores al acto que dio inicio a la guerra de Independencia en México el 16 de septiembre de 1810, conocido como el Grito de Dolores.

Después de Porfirio Díaz cada año ha sido tocada por el presidente en turno a las 11 de la noche del 15 de septiembre con el clásico grito de ¡Viva México!, mientras tanto en lo que llega el día le dan el apropiado mantenimiento para la ocasión.

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Diego Rivera pasó todo un año identificando y calculando la ubicación de cada edificio basándose en la descripción de Fray Bernardino de Sahagún, tras un largo proceso de investigación, reprodujo todos los productos que se vendían en el mercado, así como a los vendedores, hasta mostró la crueldad del guerrero que le regala un brazo a una dama, para ganarse sus afectos.

Este mural realizado en 1945 en el Palacio Nacional muestra una visión personal sobre lo descrito por los conquistadores españoles que conocieron el mercado de Tlatelolco en 1519.

A continuación un fragmento de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo:

“… Y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían. Y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaba por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías de indios esclavos y esclavas; digo que traían tantos de ellos a vender a aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, y traíanlos atados en unas varas largas con colleras a los pescuezos, porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos. Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta y algodón y cosas de hilo torcido, y cacahuateros que vendían cacao, y de esta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva España, puesto por su concierto de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que en cada calle están sus mercaderías por sí; así estaban en esta gran plaza, y los que vendían mantas de henequén y sogas y cotaras, que son los zapatos que calzan y hacen del mismo árbol, y raíces muy dulces cocidas, y otras rebusterías, que sacan del mismo árbol, todo estaba en una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras alimañas, tejones y gatos monteses, de ellos adobados, y otros sin adobar, estaban en otra parte, y otros géneros de cosas y de mercaderías.

Pasemos adelante y digamos de los que vendían frijoles y chía y otras legumbres y yerbas a otra parte. Vamos a los que vendían gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, venados y anadones, perrillos y otras cosas de este arte, a su parte de la plaza. Digamos de las fruteras, de las que vendían cosas cocidas, mazamorreras y malcocinado, también a su parte. Pues todo género de loza, hecha de mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por sí aparte: y también los que vendían miel y melcochas y otras golosinas que hacían como nuégados. Pues los que vendían madera, tablas, cunas y vigas y tajos y bancos, todo por sí. Vamos a los que vendían leña, ocote, y otras cosas de esta manera. Qué quieren más que diga que, hablando con acato, también vendían muchas canoas llenas de yenda de hombres, que tenían en los esteros cerca de la plaza, y esto era para hacer salo para curtir cueros, que sin ella dicen que no se hacía buena. Bien tengo entendido que algunos señores se reirán de esto; pues digo que es así; y más digo que tenían por costumbres que en todos los caminos tenían hechos de cañas o pajas o yerba, porque no lo viesen los que pasan por ellos; allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres, porque no se les perdiese aquella suciedad. Para qué gasto yo tantas palabras de lo que vendían en aquella gran plaza, porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas las cosas, sino que papel, que en esta tierra llaman amal, y unos cañutos de olores con liquiámbar, llenos de tabaco y otros ungüentos amarillos y cosas de este arte vendían por sí; y vendían mucha grana debajo los portales que estaban en aquella gran plaza. Había muchos herbolarios y mercaderías de otra manera; y tenían allí sus casas, adonde juzgaban, tres jueces y otros como alguaciles ejecutores que miraban las mercaderías. Olvidado se me había la sal y los que hacían navajas de pedernal, y de cómo las sacaban de la misma piedra. Pues pescadores y otros que vendían unos panecillos que hacen de una como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes de ello que tienen un sabor a manera de queso: y vendian hachas de latón y cobre y estaño, y jícaras y unos jarros muy pintados, de madera hechos.

Ya quema haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendían, porque eran tantas de diversas calidades, que para que lo acabáramos de ver e inquirir, que como la gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, en dos días no se viera todo. Y fuimos al gran cú, y ya que íbamos cerca de sus grandes patios, y antes de salir de la misma plaza estaban otros muchos mercaderes, que, según dijeron, eran de los que traían a vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos canutillos delgados de los de ansarones de la tierra, y así blancos porque se pareciese el oro por de fuera; y por el largor y gordor de los canutillos tenían entre ellos su cuenta qué tantas mantas o qué xiquipiles de cacao valía, o qué esclavos u otra cualesquiera cosas a que lo trocaban”.

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Las azoteas suelen ser sitios especiales, remansos de paz y de tranquilidad, a donde todos podemos subir un momento escapando de la calle y del interior de nuestros hogares o de nuestros centros laborales, básicamente porque se obtiene una perspectiva distinta de la vía publica, de la bóveda celeste y hasta de nuestra cotidianidad; pero tener la oportunidad de estar en la azotea de un lugar de por si especial como lo es Palacio Nacional es algo no de todos los días.

Yo como muchos quizá jamás tenga la suerte de estar en lo más alto de un sitio con tanta historia como este, aunque al menos un conocido que sus circunstancia le favorecieron para que pudiera llegar hasta ahí, me paso algunas imágenes y un video que comparto con todos los que quieran ver.


Un compañero del trabajo tuvo la oportunidad de estar en un área de Palacio Nacional donde ni el presidente tiene acceso… ¿para que carajos tendría que subir un presidente a la azotea de su palacio?, de cualquier forma, es un sitio al que pocos llegan a pisar, excepto porque tengan que realizar ahí algún trabajo como es el caso (según me comentó), la perspectiva es maravillosa, aunque podría haberle sacado más provecho y hacer un mejor video, el resultado es bastante bueno, de hecho, se ve orgulloso.

Arriba una perspectiva de como se ve el Ayuntamiento del DF desde Palacio Nacional y a continuación la Catedral Metropolitana desde el mismo punto.

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La república restaurada

Juárez prepara su regreso a la Ciudad de México. El gral. imperial Leonardo Márquez estaba en la Ciudad de México aun con un grupo de hombres oponiendo resistencia. Porfirio Díaz tenía la encomienda de hacerle frente. Antonio López de Santa Anna había llegado a Veracruz en un barco alquilado que era su cuartel general y en el cuál también dormía. Su propósito era llamar a la rebelión en contra de Juárez y continuar con el gobierno imperial con él a la cabeza. En el puerto de Veracruz y la ciudad de Xalapa contaba con muchos adeptos, ya que él era del Estado de Veracruz. Estas dos ciudades lo recibieron con ceremonias oficiales. En una polémica intervención norteamericana, el consulado de E.U.A. en Veracruz notifica de los planes de Santa Anna al presidente Jonhson el cuál decide que un cañonero norteamericano que estaba cerca del Puerto de Veracruz, bombardease el barco de Santa Anna para obligarlo a partir fuera de costas mexicanas y con esto evitar toda posibilidad de llevar a acabo su plan y con esto consolidar el gobierno de Juárez. Santa Anna que es ese momento estaba en reunión en el barco, no tuvo más remedio que partir hacia Cuba.

Juárez sale de San Luis Potosí, pasa por Dolores Hidalgo donde hace una ceremonia a los héroes de la independencia nacional, luego visita Tepeji del Río y llega a Tlanepantla donde se encuentra con Porfirio Díaz con el cuál tenía diferencias. En todos los lugares por donde pasaba Juárez la algabaría popular era inmensa. Debido a que no estaban concluidos los preparativos en la Ciudad de México se le pide a Juárez que se quede tres días en el Castillo de Chapultepec. Se encontraron con que éste estaba convertido en un palacio austriaco por lo que le sugirieron a Juárez cambiar la decoración y sacar ese mobiliario. A lo que Juárez dijo: “Están locos, esto es la historia de México”.
Juárez sale rumbo a Palacio Nacional por “El paseo de la Emperatriz” que desde ese momento cambia de nombre a “Paseo de la Reforma”. En la Alameda Central se suelta una gran cantidad de palomas blancas. Luego de pasar por el Paseo de la Reforma, Juárez y su comitiva se dirigen hacia el Palacio de Minería por la que hoy es la avenida Juárez. Juárez había decretado que se dejara en libertad a todos los presos que apoyaron la causa imperial. Iniciaba la reconciliación nacional. En el Palacio de Minería Juárez da el más célebre de sus discursos que contiene la más célebre de sus frases.

El 15 de julio de 1867 Juárez entra a la Ciudad de México. Izó la bandera en la Plaza de la Constitución. Existían diversas obras de arte en Palacio Nacional; Benito Juárez dio órdenes de retirar adornos y objetos suntuarios y darle un toque republicano y no imperial a la sede del gobierno nacional. Entre otros, se redecoró el gran salón de acuerdos. El 20 de julio el gabinete se reunió en Palacio Nacional a las 9.00. Allí se trataron algunos temas importantes, como el de la existencia de disputas con la Gran Bretaña y sobre la deuda pública de México que era algo grande. La Gran Bretaña deseaba reconciliarse con México, (luego de que participó en la incursión militar en México junto con Francia y España). El gobierno de la Reina Victoria ofreció dos años de moratoria a cambio de renegociar la deuda y restablecer relaciones diplomáticas. Benito Juárez ordenó que se aceptaran tales ofrecimientos. El presidente comentó que era importante la paz con todas las naciones, así que adelante. Pidió al ministro del exterior informar que se les daría parte de la franquicia para la construcción del ferrocarril de Veracruz a la Ciudad de México.

Juárez dijo que se debía convocar a elecciones para que su gobierno fuese legítimo. Que el se presentaría a las elecciones. Porfirio Díaz reclamaba también elecciones. Juárez instruyó a Sebastián Lerdo de Tejada que se encargara de convocar las elecciones. José María Iglesias dijo: “En esta mesa todos somos juaristas, Señor Presidente”. Benito Juárez puntualizó: “¡Eso no!, en esta mesa todos somos republicanos, no juaristas. Si el designio del pueblo es que otro los gobierne todos seremos dóciles a la voluntad ciudadana”.

Margarita y familia regresan a México

Margarita y familia desembarcaron del guardacostas norteamericano en Veracruz, luego se trasladaron en el ferrocarril que para entonces tenía ya más de 90 km. Lo abordaron en medio de la algarabía popular y aplausos.

Sebastián Lerdo de Tejada informó a Benito Juárez que Margarita y familia ya habían desembarcado en Veracruz y que se encontraban cerca de Orizaba. Que en no más de cuatro días llegarían a la Ciudad de México. Benito Juárez le preguntó a Sebastián Lerdo de Tejada si lo veía bien y no demasiado avejentado. Le comentó que iría al barbero, pues deseaba estar presentable para el encuentro. Le dijo también que no le daba tiempo para ir con el sastre pero que podía ir a una tienda por un traje ya confeccionado. Sebastián Lerdo de Tejada le dijo que el lo acompañaría a la tienda que se llamaba “La Concordia”. Juárez comentó también que el departamento presidencial en Palacio Nacional no estaba terminado. Sebastián Lerdo de Tejada le sugirió alquilar una habitación en el hotel Iturbide. Benito Juárez dijo que Iturbide era un emperador, que si no había mejor hotel. Sebastián Lerdo de Tejada le dijo que el nombre no era importante, que los imperios ya no volverían a México. Ambos rieron.

Una vez que Margarita y familia llegaron a Orizaba fueron recibidos por mucha gente con tañer de campanas y cohetones. Ahora viajaban en carrozas. En un carro de mulas iba el equipaje y en un carro grande iban los ataúdes de Toñito y Pepito. En la Ciudad de Puebla también hubo aplausos, multitudes y tañer de campanas.

El 23 de julio de 1867 luego de pernoctar y antes de que saliera el sol, Margarita y familia partieron rumbo a la Ciudad de México. Benito Juárez les dio alcance en el Pueblo de Ayotla, librando de esa forma en gran medida la algarabía popular y facilitándose recibirlos personalmente. En ese pueblo igual que en todo el recorrido la comitiva fue recibida con campanas y multitudes. Benito Juárez llegó en su clásico carruaje negro, vestía levita nueva, una gran chistera y un bastón de 2000 pesos que le había sido obsequiado en Zacatecas como símbolo de la República. Llevaba unas flores en la mano para Margarita. Margarita lucía más delgada y era escoltada junto con su familia por el ejército republicano. Una vez cerca, Margarita caminó directamente hacia Benito Juárez, él corrió hacia ella en los últimos momentos. Benito Juárez escribió días después: “Aquel momento valía por todas las recompensas que un hombre puede recibir”. Hubo también abrazos y caricias del presidente para sus hijos y para su yerno Santacilia. Una vez en la Ciudad de México los recibió una muchedumbre así como miembros del gabinete y del gobierno, la familia se alojó en el Hotel Iturbide conforme a lo planeado y después de unas horas Benito Juárez y Margarita al fin pudieron estar solos luego de tantos años.

Segundo mandato constitucional

Luego de ganar en las elecciones, el 16 de enero de 1868 Juárez se reinstala en la presidencia con una reunión de todo su gabinete. Juárez decía a menudo que eran los tiempo de la paz y la concordia.

Inestabilidad política

Unos 700 conservadores planeaban una conspiración contra Juárez, se reunían en secreto en el Templo de San Andrés, donde habían reposado por un tiempo los restos de Maximiliano. Este templo de extraordinaria arquitectura estaba frente al Palacio de Minería, sobre el terreno que hoy ocupa “La estatua del caballito”.

En febrero de 1868, con diversos informes de inteligencia sobre lo que acontecía en el Templo de San Andrés. Juárez decidió demolerlo con veinte más de la capital, entre ellos el de Santo Domingo y el de la Merced. Sus ministros le advirtieron que esa medida pondría a la población en su contra pero él no cambió su decisión que meditó durante varias semanas y dijo que asumía la responsabilidad histórica de su decisión. Le dijo a Sebastián Lerdo que no necesitaban templos sino escuelas, – “Telégrafos, escuelas, caminos, futuro y no pasado es lo que México necesita” decía Juárez para justificar su decisión. Los periódicos de la época hicieron eco de tal decisión y acción con su consecuente caída de popularidad.

Porfirio Díaz se había revelado contra Juárez y con la bandera de la no reelección incentivaba el alzamiento en diversos puntos del país. También los conservadores y el clero estaban en contra de Juárez y veían positivos los alzamientos. En los poblados veracruzanos de Tierra Quemada, Huatusco y Perote hubo varios levantamientos contra el gobierno de Juárez durante los años de 1868 y 1869.
El Gral. Patoni y el Gral. Jesús González Ortega luego de estar en la cárcel obtuvieron su libertad.

Existía mucha delincuencia y corrupción de burócratas y policías. Muchos lo atribuían a la desigualdad económica y a los 60,000 militares despedidos en 1868. Juárez creó una policía para combatir la delincuencia.

Juárez repatrió a todos los religiosos en el exilio presuntamente por influencia de su esposa.

Los Juárez pierden a Margarita

Al principio de este período Juárez solía trabajar hasta pasada la media noche, sin embargo por el año 1870 cambió su hora de salida a las 18.00 para pasar el resto del día con su esposa y su familia. Margarita desde un tiempo atrás había empezado a tener manifestaciones de una enfermedad que los médicos pensaban era probablemente grave.
Margarita y Juárez caminaban por el Paseo de Bucareli junto con sus hijas e hijo. En ese tiempo Bucareli remataba en la actual Arcos de Belén, era un centro de reunión social donde paseaban gente de todas las clases sociales. Los ciudadanos podían acceder al presidente directamente.

Los Juárez tenían una casa en los límites de la ciudad, junto al Templo de San Cosme, número 4 de la Calle Puente Levadizo.
Juárez tenía cinco hijas: Manuela (apodada Nela por la familia) casada con Pedro Santacilia; Felicitas; María de Jesús casada con Pedro Contreras, de origen español; Margarita; Soledad y Josefa. Además el más pequeño de sus hijos era Benito de unos 13 años. Susana, la primera hija de Juárez cuya madre era la primera pareja de Benito, había sido adoptada por Margarita y era parte integral de la familia Juárez Maza, nunca se casó.

En agosto de 1869 los médicos le dijeron a Juárez que la enfermedad de Margarita era progresiva y mortal. Al parecer era cáncer. Juárez salía temprano de su oficina pero llegaba alrededor de las 6:30 de la mañana.
El 2 de enero de 1871, Margarita recibió los Santos Oleos del cura del templo de San Cosme. Toda la familia se reunió ese día incluyendo a Susana. Juárez estuvo allí desde las 10.30. A las 15.00, Margarita le pidió a Juárez velar por Susana e hijas solteras. Juárez lloró. Juárez le dijo que se pondría bien. Margarita le pidió a Juárez cumplir con el deseo de sus hijas de casarse por la iglesia. A las 16.00, Margarita murió con una sonrisa. Juárez gritó de dolor.

Juárez no quiso enviar esquelas; pidió a sus amigos que no lo hicieran y que manejaran el fallecimiento con discreción.

Pero Sebastián Lerdo dijo que no se podía hacer aquello por que era una mujer muy querida y los periódicos publicaron la noticia. el país entró en luto. Moños negros en muchas edificaciones, suspensión de obras teatrales y otras manifestaciones. Cientos de personas se dieron cita para acompañar el cuerpo rumbo al sepelio en el cementerio de San Fernando, cientos de coches y cientos de personas a pie.

Juárez instruyó para que no se le acercaran políticos, exclusivamente amigos y familiares cercanos. Venían tiempos electorales y Juárez no deseaba que mezclasen tal acontecimiento con la política.

Guillermo Prieto dijo en el sepelio: “Es acaso posible que mueran las personas a quienes más amamos, pues que es posible que sólo quede vibrante mi voz para caer como sombra de la muerte, como es posible para mi señora objeto de mi devoción por años y años, contemplar su muerte… como es posible señalar… joya blanca azuzena de su hogar modesto, mujer acariciada con los brazos de oro de la virtud y la fortuna”. Juárez palideció al momento de que el féretro descendía. Por semanas se habló mucho de esa ceremonia fúnebre. Juárez no fue a trabajar por una semana. Se habló del amor de Juárez por Margarita como un ejemplo a seguir.

Juárez se siente inútil sin Margarita

Una tarde visitó junto con varias de sus hijas la tumba de Margarita. Les platicó una anécdota de la tarde que en llegó Mr. Siward con el grupo de empresarios norteamericanos. No se le acomodaba el cabello y le pidió a Margarita limón que era lo único que se lo controlaba. Margarita se lo puso y lo peinó. Luego le hizo el nudo de la corbata pues Juárez estaba nervioso y no le salía. Margarita le dijo “¡Que inútil eres!”. Juárez les dijo a sus hijas que ella tenía razón, ¡Sin Margarita se sentía un inútil! En ese mismo lugar Juárez tuvo un mareo que lo hizo sentarse debido a un dolor en el pecho.

Últimas horas

Juárez tuvo otro episodio de dolor en el pecho que le hizo doblegarse mientras Balandrano le leía las noticias importantes. Balandrano era un periodista amigo de Benito, secretario particular de él y director del diario oficial.

El 17 de julio de 1872 por la tarde Juárez decide no dar su acostumbrado paseo de su carruaje y le pide a su yerno Santacilia que lo acompañe para luego ir al teatro con su hermana Manuela y así contarle la función. Juárez dormía en su alcoba de Palacio Nacional acompañado de su hijo menor Benito. Esa noche leyó un libro en francés, en la página 232 que describía la entrada del Emperador Trajano a Roma y el inicio de su gobierno de 20 años, Juárez dejó un pequeño papel con el texto: “Cuando la sociedad está amenazada por la guerra; la dictadura o la centralización del poder pueden ser un remedio para aquellos que atentan contra las instituciones, la libertad o la paz”. Esa noche sólo tomó un atole, tuvo náuseas que no lo dejaron dormir, por lo que despertó a su hijo Benito.

El 18 de julio a las 9:00 tuvo que llamar a su médico Ignacio Alvarado el cuál llegó cerca de las 10:00. A las 11:00 tuvo calambres muy dolorosos que lo llevaron forzosamente a la cama. Tenía el pulso bajo y sus latidos débiles. El tratamiento aplicado (típico de la época) fue arrojarle agua hirviendo en el pecho, cosa que se le hizo luego de colocarle la olla hirviendo en el pecho. Con tal remedio, Juárez reaccionó.

La familia pasó al comedor y se quedó en la recámara con el médico. Benito platicó al médico historias de su niñez. Le contó que el Padre Salvanueva era el hombre más bondadoso que él conoció. Ante la pregunta al médico de si lo suyo era mortal, el médico Alvarado le dijo: “Sr. Presidente: ¡Como lo siento!”.

Juárez siguió mal. Su familia estaba reunida, hijas, hijo, yernos y amigos. También diversos amigos y políticos fueron llegando a la sala.
Juárez tuvo la insistencia de los ministros de relaciones exteriores José María Lafragua y el ministro de la Guerra Gral. Alatorre, en esa tarde ambos pidieron ver al presidente para recibir instrucciones. Juárez en ambos casos tuvo que vestirse y hablar con ellos, escucharlos y darles instrucciones.

Los médicos mexicanos más prestigiados de entonces acudieron a Palacio Nacional: Gabino Barreda y Rafael Lucio pero nada pudieron hacer.

Juárez se tendió de lado izquierdo poniendo una mano bajo su cabeza. Muy fatigado, con evidente falta de oxígeno sonrió e inmediatamente murió. Eran las 23.35 del 18 de julio de 1872 cuando los tres médicos reunidos declararon muerto al presidente. Sus hijas gritaban de dolor: “¡papá! ¡papá no te vayas!”. La causa fue angina de pecho. En la actualidad, una placa en el lugar de su muerte da cuenta de ello. Juárez duró en el cargo de presidente catorce años.

Hubo un mes de solemnidades en todo el país en su honor.

Esta entrada fue materializada gracias a la magia del Ctrl+C & Ctrl+V directamente desde aquella maravillosa fuente de conocimiento llamada Wikipedia.

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En este lugar existió desde el siglo XVII una fuente ochavada, que según narra el doctor Isidro de Sariñana en 1666, estaba rematada por un caballo de bronce; en 1777, Juan de Viera aclara que en realidad se trataba de un Pegaso, el caballo alado de Apolo. Nuestro país, en una temprana vocación de cultura universal, fue muy adicto a los lenguajes mitológicos y se piensa que en este caso se aludía a los gobernantes, para que emplearan en sus tareas las virtudes -prudencia, inteligencia y valor- con que Perseo venció a la Gorgona -el mal-, de cuya sangre nace y se eleva a las alturas Pegaso.

No se ha encontrado ninguna información para conocer las características de aquella fuente; se sabe solamente que era de mármol y ochavada. Esta fuente por lo tanto, simplemente recuerda aquella y se restituye como elemento de la composición arquitectónica de este patio.

Lo anterior se puede leer en una placa al pie de la fuente en el patio central de Palacio Nacional.

La Wikipedia lo explica de una manera más sencilla… “Pegaso representa tres virtudes: el valor, la prudencia y la inteligencia ya que Perseo al decidirse a enfrentar a la Medusa fue valiente, al decidir no mirarla de frente fue prudente y al hacerlo a través del reflejo en su escudo fue inteligente. Se considera que estas tres virtudes deben formar parte del carácter de quien ocupe este palacio para gobernar al país”.

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En esta habitación murió el Presidente Benito Juárez el 18 de Julio de 1872 a las once y media de la noche.

Al final de 1855, cuando Juárez volvió a la Ciudad de México después del triunfo de la Revolución de Ayutla (que derrocó el último gobierno de Santa Anna), la familia se volvió a reunir pero la Guerra de Reforma [1858-1860] y una nueva marcha de don Benito la volvió a separar. Otra efímera reunión aconteció en Veracruz con el triunfo sobre el partido conservador. Por la invasión francesa [1863], Juárez abandonó la capital en compañía de su familia, pero al comienzo de 1864 Margarita y los niños emigraron hacia Estados Unidos. Sin duda, ese fue el destierro más doloroso pues sufrieron la muerte de sus pequeños hijos varones: José María y Antonio.

Sólo hasta el triunfo de la República, en 1867, el matrimonio Juárez Maza se unió definitivamente y estableció su residencia en Palacio Nacional, ocupando las que fueron habitaciones del intendente durante el imperio; en éstas transcurrieron momentos de tranquilidad familiar. Pero la felicidad fue breve, porque tres años después Margarita murió y uno y medio más tarde, acelerados sus males por la pérdida de su esposa, don Benito falleció repentinamente.

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