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Posts Tagged ‘Palacios de la ciudad’

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Interactuando entre sí, este par de obras del escultor Javier Marín que forman parte de la exposición Terra, la materia como idea se exhiben en el patio del Palacio de Iturbide, conocido actualmente como Palacio de Cultura Banamex, son, la escultura más pequeña y sencilla concebida en 1984, ante la monumental pieza que recién fue terminada en el 2015, Banquito fue la primera obra de Javier Marín, mientras que Reflejo VII de más de seis metros de altura fue creada ex profeso para ser expuesta en lugar que ocupa en el Palacio de Iturbide.

Son sólo dos ejemplos entre alrededor de 90 obras en barro que nos muestra todos los momentos del escultor, desde mediados de los años ochentas hasta la actualidad.

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En el numero 45 de la calle Héroes de la colonia Guerrero, la Casa Rivas Mercado permanece esperando, esperando a que sus puertas se abran al mundo por vez primera, después de salvarse de ser demolida hace unos cuantos años.

En su interior fue concebida la Columna de la Independencia por el arquitecto Antonio Rivas Mercado, pero también en su interior nació en los primeros meses del siglo veinte María Antonieta Valeria Rivas Castellanos, que todos conocemos como Antonieta Rivas Mercado, literata, periodista, pensadora, dramaturga, bailarina y mecenas de escritores, poetas, pintores, además de financiar la campaña electoral de José Vasconcelos.

Al hablar de esta casa, hoy propiedad del gobierno de la Ciudad de México, es inevitable exaltar el nombre de Antonieta Rivas Mercado, un hermoso palacio que nos invita a pensar en la enorme carga histórica que prevalece en su interior, mientras tanto esperamos el momento de conocer tan esplendoroso sitio, seguimos esperando…
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En 1749 Miguel de Berrio y Zaldívar, criollo nacido en la Ciudad de México, contrajo matrimonio con Ana María de la Campa Cos, hija del primer conde de San Mateo de Valparaíso. Ambos reunieron sus vastas propiedades formando una de las mayores fortunas de la Nueva España: desde Zacatecas hasta la Ciudad de México, sus haciendas, ranchos y trojes abastecieron cereales y carne a villas y ciudades. El 10 de febrero de 1752 nació su hija María Ana, y en ese mismo año compraron una propiedad en la calle de San Francisco con un costo de 35 mil pesos.

María Ana contrajo matrimonio con el noble siciliano Pedro de Moncada, y la casa de San Francisco se remodeló para ellos. El arquitecto Francisco Guerrero y Torres elaboró el diseño, pero fue su cuñado quien terminó la obra que duró 15 años y costo 113 mil pesos. Tiempo después, Juan Nepomuceno Moncada y Berrio, tercer marqués del Jaral, heredó el palacio, para entonces conocido como “de Moncada”. En 1813 lo prestó a Felix María Calleja, y a Agustín de Iturbide en 1821. El pueblo comenzó a llamarle “Palacio de Iturbide” por haber sido la residencia del primer emperador del México independiente. De 1830 a 1834 fue sede del Colegio de Minas, y de 1847 a 1848 lo ocuparon las tropas invasoras estadounidenses. En 1851Anselmo Zurutuza compró el inmueble y lo destinó a Hotel de Diligencias, que desde 1856, y hasta 1869 fue propiedad de Germán Landa.

Durante la Intervención Francesa el hotel alojó a los jefes y oficiales del ejército invasor hasta 1867. Dos años después, Francisco Iturbe compró el palacio, y en 1899 el arquitecto Emilio Dondé fue contratado para repararlo. La revolución de 1910 y sus secuelas afectaron la suerte del edificio, en 1930 fue clausuado como hotel y destinado a oficinas y comercios de distintos giros, entre ellos: los ferrocarriles nacionales, Pegaso Films, la Casa de ModasMaría Pavignani y las Aerovías Reforma. Un año después, fue declarado “Monumento Nacional”, y en 1964 lo adquirio el Banco Nacional de México y lo restauró bajo la dirección del arquitecto Ricardo Legorreta. Desde 1971 ha sido sede de Fomento CulturalBanamex A.C., y en 2004 fu reinagurado como Palacio de Cultura Banamex para ser centro de actividades artísticas y educativas.

Data in situ

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Una autentica casa de leyenda y de una inmensa belleza, declarado como monumento nacional de México desde el 9 de febrero de 1931. A continuación un resumen de la extensa crónica que se puede leer en la Wikipedia.

El edificio original ya existía desde el siglo XVI, conformado por la unión de dos casonas, la que se ubicaba hacia el sur, en un principio pertenecía junto a la llamada Plazuela de Guardiola a un señor de nombre Damián Martínez, dichas propiedades se ubicaban en la Calle de Plateros, una frente al Convento de San Francisco el Grande de la Ciudad de México y la otra daba hacia el Callejón de la Condesa.

A falta de dinero, Don Damián se ven en la necesidad de vender ésta y la plazuela anexa a otro señor de nombre Diego Suárez de Peredo en el año de 1596. Éste señor al enviudar, se retiró a la orden religiosa de los franciscanos quienes tenían convento en la ciudad de Zacatecas, dejando la propiedad en manos de si hija, quien se casó con el Segundo Conde del Valle de Orizaba de nombre Luis de Vivero.

Don Luis era hijo del Primer Conde del Valle de Orizaba, Don Rodrigo de Vivero y Aberrucia, personaje destacado en el virreinato por su talento e instrucción.

Don Rodrigo hereda una propiedad anexa a la casa a su hijo, la casa Norte, por lo que Don Luis fue el primero de los condes en habitar las casas, las cuales unió y mandó a reparar, aunque no le dió el aspecto que actualmente posé el inmueble.

El aspecto actual del palacio se le debe a Doña Graciana Suárez de Peredo, la Quinta Condesa del Valle de Orizaba, quien vivió en la ciudad de Puebla desde su casamiento hasta la muerte de su esposo en el año de 1708, cuando toma la decisión de regresar a la capital del Virreinato de la Nueva España y decide hacer uso del inmueble. Para el año de 1737, viendo la Condesa el estado de deterioro que tenía el palacio y otras propiedades que poseía en la ciudad, se ve en la necesidad de solicitar la reparación de éstas, especialmente la de la Calle de Plateros en la que residía y que desea embellecer recubriendo la fachada totalmente con azulejos poblanos, cuya tarea encarga al maestro Diego Durán.

Uno de los sucesos que acontecieron en ésta casa y marcó una tragedia en sus habitantes, fue el asesinato del ex-Conde Andrés Diego Suárez de Peredo, descendiente de Don Rodrigo de Vivero a manos del Oficial Manuel Palacios, ocurrido al bajar las escaleras del patio del palacio. Tal crimen sucedió durante el motín de la Acordada, cuando se desató el saqueo en la ciudad. Los hechos refieren a una venganza por parte de Manuel Palacios en contra del ex-Conde, quien se oponía a que Palacios tuviera relaciones con una joven de la familia. El Oficial, una vez encontrado culpable del crímen fue sentenciado a garrote vil, ejecutándose frente a la llamada Plaza de Guardiola.

La casa continuó en manos de los descendientes del Conde hasta el año de 1871, que fue habitada por la última descendiente del título del Condado del Valle de orizaba, también en ese año se decide ponerla en venta, siendo adquirida por un abogado de apellido Martínez de la Torre, el cual fue el dueño de la propiedad tan solo por seis años debido a su muerte, por lo cual el palacio es puesto en venta de nuevo pasando a manos de la familia Yturbe Idaroff, quienes fueron los últimos habitantes en darle un uso residencial al palacio.

Don Felipe de Yturbe y del Villar, deja la propiedad a su primogénito Don Francisco-Sergio de Yturbe e Idaroff, éste realiza los trabajos de rehadaptación del inmueble durante la apertura de la Calle Cinco de Mayo, por lo cual la parte Norte del edificio se reduce en unos veinte metros, y en el trabajo de sus respectivas fachadas se ordena cubrir con azulejos y labrado de cantera en las molduras de las ventanas, imitando el diseño original de la Calle Francisco I. Madero.

El palacio perteneció a la familia Yturbe hasta el año de 1878, pero lo habitó hasta 1881, cuando la ofrecieron en renta, pasando a formar la sede del Jockey Club de México, uno de los varios centros de reunión más exclusivos de la élite porfiriana. Durante la Revolución mexicana, en el año de 1915 se destina uno de los pisos del inmueble como la sede de la Casa del Obrero Mundial uso que se le dió por poco tiempo ya que Francisco Yturbe recuperó la propiedad a fin de no fuera dañada al darle dicho uso.

Para el año de 1903 Walter Sanborn (graduado como químico farmaceútico en la ciudad de Los Angeles, California), quien desembarcó en el puerto de Veracruz en el año de 1897 a los 22 años de edad, había fundado junto con su hermano mayor Frank una pequeña droguería en la Ciudad de México. Después de abrir tres establecimientos en la ciudad, se aventuraron al norte abriendo un cuarto establecimiento en el puerto de Tampico. En diciembre de 1916, Walter decidió regresar a los Estados Unidos, mientras que Frank se resistió a abandonar México.

Para el año de 1917 el palacio es rentado a Frank Sanborn para establecer en este lugar una de las caferterías más concurridas en ese entonces con un concepto inovador en la ciudad, el de una fuente de sodas y una farmacia, con el nombre de Sanborns American Pharmacy. Se le realiza entonces al palacio una readecuación de casi 2 años para adaptarlo al concepto que intordujeron a México los hermanos Sanborn y le agregan aparte un restaurante, tienda de regalos y revistas, así como una tabaquería.

El 11 de octubre de 1919 después de dos años de adaptaciones y esfuerzos, cerró las tres pequeñas sucursales y concentró todo el concepto Sanborns en un sólo lugar, Madero 4, mejor conocida como “La Casa de los Azulejos”. El éxito fue rotundo desde el primer día: un mini centro comercial en un marco irrepetible.

Entre las obras de arte que alberga el palacio en su interior, destacan el mural titulado “Omnisciencia” del pintor José Clemente Orozco, que abarca la pared Norte de las escaleras principales de acceso al segundo nivel; el mural fue solicitado por orden de su amigo y mecenas, Don Francisco-Sergio de Yturbe e Idaroff, quién fue uno de los grandes impulsores del muralismo mexicano de su época. Dicho mural muestra a una sacerdotisa arrodillada, y junto a ella se encuentran hombres alegóricos a la Voluntad y la Virtud.

Otro de los murales que sobresalen es el que se pintó en las paredes del primer nivel, que corresponden a las paredes del patio principal, y lleva el título de Pavorreales, el cual fue realizado por el artista húngaro Pacologue, que se encontraba ex-profeso en Nueva York cuando se le informó del encargo solicitado, por parte de los Hermanos Sanborn.

Leyendas

Existe otra versión popular sobre la construcción de la Casa de los azulejos. Dicha conseja señala, según la versión de Luis González Obregón, que uno de los descendientes del Conde de Orizaba, joven confiado en sus riquezas heredadas y dedicado al despilfarro y a la vida mundana, en lugar del trabajo y los negocios de la familia, fue reprendido por su padre, el cual desesperado ante varias reprendas solo le bastó decirle al joven:

“Hijo, así nunca llegarás lejos, ni harás casa de azulejos…”

Parece que tal frase acentó en la mente del joven heredero, quien cambió su modo de vida hacia uno más responsable, y para demostrar a su padre su madurez y esfuerzo, reparó y levantó la propiedad recubriendo la fachada completa en azulejos.

Otra leyenda no acaecida dentro del palacio, sino en el callejón contiguo, nombrado De la Condesa, hace referencia a dos personajes, ambos Hidalgos y ambos habían entrado por cada extremo de dicho callejón en sus respectivos carruajes, que una vez encontrándose ahí ninguno quiso retroceder, argumentando el título que poseían y el desagravio que cada uno causaría a sí mismo si fuese a retroceder. Los dos pasaron dentro de sus carruajes sin alimento y sin moverse tres días y tres noches, afortunadamente el supuesto desagravio no llegó a duelo alguno entre los dos, pero sí a oídos del virrey en turno, quien dispuso que cada Hidalgo retrocediera con su respectivo carruaje hasta las entradas del callejón, uno hasta la entonces Plazuela de Guardiola y el otro hasta la Calle de San Andrés.

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