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Posts etiquetados ‘Plaza de Santo Domingo’


Aquí, la estatua de Doña Josefa Ortiz de Domínguez, al fondo, el Portal de los Evangelistas en la Plaza de Santo Domingo; en 1890 se colocó la escultura de la Corregidora, obra del escultor italiano Enrique Alciati.

Otra doña, Doña María Félix, en lo que alguna vez se le conoció como el Jardin de la Corregidora, tuvo una pequeña conversación con la heroína insurgente de la Independencia:

“Cómo le va Doña Josefa, la veo muy formalita con su chongo de fierro, qué me cuenta, porque las estatuas como usted han sido testigo de muchas cosas, es una pena que no hablen, pero no importa, en plazas como esta siempre estará el pueblo para contar lo que las estatuas no puedan”.

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La ilustre heroína insurgente Doña Leona Vicario de Quintana Roo murió en la recamara de la esquina de esta casa a las nueve de la noche del 21 de Agosto de 1842.

En 1823 el triunvirato conformado por Guadalupe Victoria, Nicolás Bravo y Pedro Celestino Negrete, en un proyecto de restitución de bienes a los insurgentes, cede la casa de la calle de Los Sepulcros de Santo Domingo esquina con la calle de Cocheras, lo que hoy es República de Brasil con República de Colombia, a Leona Vicario como compensación por los bienes que la Nueva España le había incautado. Leona Vicario y Andrés Quintana Roo se instalaron en la planta alta de la casa y rentaban la parte baja. Su primer inquilino fue Antonio López de Santa Ana.

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Quienes recuerden aquellos viejos billetes de mil pesos donde aparecía Sor Juana Inés de la Cruz tal vez también recuerden que en el anverso estaba plasmado un paisaje de la Plaza de Santo Domingo, ahí se aprecia frente al Portal de los Evangelistas otra fuente que no es la de la Corregidora, era una sencilla y pequeña fuente de un águila devorando a la serpiente sobre el nopal, cuentan que fue mandada construir por Ildefonso de Iniesta y Bejarano, arquitecto mayor de la ciudad, en 1780.

Hoy en día, semi-oculta y a un costado de lo que queda de la Iglesia de Santo Domingo, se encuentra en la calle Leandro Valle una fuente con esas características, muy cerca de la Plaza, por lo que lo más obvio seria suponer que se trata de la misma fuente, por otra parte sin embargo, se dice que aquella fuente coronada por el águila y el nopal fue demolida alrededor del 1900 para colocar precisamente la actual fuente de Doña Josefa Ortiz de Domínguez.

De cualquier forma, encontrarse de repente con una referencia como esta, de algo que se supone que ya no existe, es como dar un viaje en el tiempo, es como encontrar un tesoro o al menos algo que vale la pena, que suerte de aquellos que despiertan al amanecer y tienen la fortuna, al asomarse por la ventana, de ver algo tan hermoso como esto.

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Fundada en el 4 de agosto de 1860 en lo que fuera parte del Convento de Santo Domingo de Guzmán, en aquel entonces, en la Calle de la Cerca de Santo Domingo El Grande No. 6, hoy Belisario Domínguez No. 72.

Y es precisamente un documento alojado en la pagina oficial de la Hostería de Santo Domingo que nos cuenta la historia de este sitio, el restaurante más antiguo de la Ciudad de México:

Contando con una estructura firme y una construcción que conserva intacto el estilo del siglo XVI, la Hostería de Santo Domingo alberga entre sus anchos muros el testimonio de todo lo acontecido desde sus inicios, comenzando con las actividades religiosas de los frailes cuando el edificio funcionaba como convento.

Cuenta la historia, que los frailes que habitaban el Convento de Santo Domingo, edificio que ahora alberga a la Hostería y que es considerado como monumento colonial y patrimonio del Centro Histórico de la Ciudad de México, debían un año de cera (cuentas por concepto de velas y veladoras) y no tenían dinero para saldar la cuenta al proveedor; ante esa circunstancia, el procurador del convento solicitó autorización a la mitra para venta de la finca, operación que fué concedida por la cantidad de 800 pesos según consta en las escrituras originales.

Este predio era sólo una parte de la superficie total del convento, ya que la propiedad completa limitaba al sur con la calle de la Cerca de Santo Domingo, al oriente con la calle de los Sepulcros (hoy Brasil), al poniente la calle de la Pila Seca (hoy República de Chile) y al norte con la calle de Las Trancas de Santo Domingo (hoy República de Perú).

El nombre de las calles tenía su origen en su ubicación con respecto a la finca, por ello la calle del sur se nombró “Calle de la Cerca de Santo Domingo”, pues la puerta del Convento daba al sur, la calle oriente se denominó “Calle de tos Sepulcros”, pues ahí se ubicaba el atrio de la iglesia y era utilizado como panteón, la calle poniente se denominó “Calle de la Pila Seca”, ya que en ella existía una pila donde la gente se abastecia de agua para sus casas y esta se secó, la calle norte se denominó “Calle de las Trancas de Santo Domingo”, ya que en ella se encontraba la parte trasera de la Iglesia de Santo Domingo.

La Hostería cuenta con un mural al fondo del restaurante, convenientemente alumbrado, nos muestra la Plaza de Santo Domingo contemplada de sur a norte, en los primeros años de la vida independiente de México, ahí podemos observar los edificios que rodean la plaza y dentro de ella una diligencia que llega a la ciudad, una carreta arrastrada por cuatro caballos, un evangelista sentado en una mesa donde escribe alguna misiva para un ranchero, el evangelista tiene a la mano una gran sombrilla para extenderla en el caso de lluvia o fuerte sol, un puesto de loza y otro con comestibles, un policía que conduce a un ebrio ensombrerado, clérigos que pasan con diferentes hábitos, niños jugando, gente de frac, guardias de la aduana (hoy edificio de la SEP) y el antiguo Palacio de la Inquisición (hoy antigua Escuela de Medicina), cabe señalar que el mural fué pintado especialmente para la Hostería por el maestro Antonio Albanés en 1956 y posteriormente fué reproducido en los billetes de mil pesos que circulaban en la década de los años ochentas.

Como en todo edificio colonial que se aprecie de serlo, la Hostería tiene a su fantasma, un monje encapuchado que se deja ver sólo bien entrada la noche y tiene la característica de permanecer estático y regularmente aparece siempre en el mismo lugar con algunas excepciones en que vaga por el edificio como recordando aquella época donde solía convivir con sus hermanos monjes, se presume que este fantasma cuida un tesoro, hay que recordar que en la época de la colonia se acostumbraba a guardar riquezas dentro de las casas bajo el suelo o en paredes falsas, la realidad es que nuestro monje fantasma cual si fuera guardián cuida y protege lo que aún es su hogar.

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Aquí estuvo la casa del maese Diego Pedraza, primer cirujano que hubo en la Nueva España en 1525, por supuesto no es la misma que este ilustre personaje habitó en su tiempo, pero es muy notorio que es otra joya de aquellas que cuenta mucha de la historia de esta ciudad, es claro que desde los balcones superiores se tiene la esplendida vista que veíamos en los primeros billetes de mil pesos de hace tres décadas, esos donde aparecía Sor Juana Inés de la Cruz y en el anverso la Plaza de Santo Domingo, asomarse por uno de esos balcones evocando esa imagen debe de ser una experiencia maravillosa.

Desafortunadamente, como se puede apreciar, este edificio a pesar de ser muy concurrido ha caído en un profundo abandono, entre imprentas en su interior, locales comerciales, puestos de comida, polvo, basura y grasa de todo lo que fríen a la intemperie, gente que viene y va o esta parada nada más preguntando si quiere algún trabajo de impresión o simplemente comiéndose un taco, este monumento a uno de los paisajes más entrañables de nuestro México va desapareciendo, haciéndose invisible, como si fuera parte de todo aquello que no queremos voltear a mirar, en fin.

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