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Posts Tagged ‘Plaza Manuel Tolsá’


De nuevo, la Estatua ecuestre de Carlos IV ocupa su lugar de honor en la Plaza Manuel Tolsá de nuestro Centro Histórico, pero ahora, lista para sobrevivir otros docientos años más, tras el terrible incidente del ácido nítrico que dio origen a una exhaustiva y concienzuda restauración que recién culminó hace unos días, después tres años, nueve meses y siete millones y medio de pesos.

Cuentan que Tolsá jamás aplicó una pátina metálica como se creía, sino que usó un recubrimiento de pintura verde-marrón en técnica al óleo, método que fue replicado por los especialistas que atendieron al equino y al rey, por eso ahora luce ese tono verde olivo parduzco que dicho sea de paso le va muy bien.

Otro de los secretos del Caballito que fueron revelados es que no fue fundido en una sola pieza como siempre se pensó, fue ensamblado en siete partes, las dos principales, el cuerpo del caballo y el jinete con la silla, más otras cinco de menor tamaño, que son las crines del caballo, el copete, la cola, la rienda y la base con el carcaj, y fue gracias al excelente trabajo que hizo Manuel Tolsá con la soldadura, lo que le abrió paso a través del tiempo de que su Estatua ecuestre de Carlos IV había sido fundida en una sola operación.

Ahora con la nueva iluminación nocturna que se le dio, solo queda que nos demos una vuelta para visitar al entrañable Caballito, en la mañana, en la tarde y en la noche.

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A falta del Caballito de Manuel Tolsá que buena falta le hace al paisaje de la plaza que se extiende frente al Palacio de Minería, la producción de Spectre, la nueva cinta del 007, nos dejó otro caballito más bien inspirado en José Guadalupe Posada.

Algún día la Estatua Ecuestre de Carlos IV volverá a cabalgar por la inmovilidad de su brevísimo entorno, ¿pero cuándo?, ni idea…

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Hace mucho tiempo por allá de los años ochenta, después de que llegó a esta plaza el Caballito de Manuel Tolsá, habia unas bancas donde uno se podía sentar a disfrutar el esplendoroso paisaje con los palacios de Minería y el que fuera Secretaria de Comunicaciones y Obras Publicas, hoy en día Museo Nacional de Arte, el Edificio Marconi o Garantías y por supuesto la Estatua Ecuestre de Carlos IV, mientras que ahora los escalones de su pedestal sirven para descansar un rato…

Debo confesar que esta pequeña pero hermosa plaza fue la primera que me cautivo dentro del Centro Histórico, además de que me trae muy buenos recuerdos de una época en mi vida a finales de los ochenta, extraño las bancas por supuesto, pero en este momento todos extrañamos más al Caballito de Tolsá que cayó en desgracia cuando el año pasado intentando restaurarlo, lo dañaron con ácido nitríco.

En este espacio que años atrás en el siglo diecinueve le pertenecía al Hospital y al Templo de San Andrés, el cual Benito Juárez mando derrumbar dando lugar a esta plaza, el tiempo y la gente parecen desacelerar su paso.
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La Estatua Ecuestre de Carlos IV del escultor Manuel Tolsá, conocida como el Caballito, hoy es victima de unos auténticos anarquistas disfrazados de restauradores, quienes le provocaron daños irreversibles en el 50% de su superficie, al emplear ácido nítrico, método para restauración de metales que se dejo de usar desde la década de los cincuentas, lo que afecto la pátina que protegía al bronce de la escultura, lo increíble es que quien autorizó los servicios de restauración fue el Fideicomiso del Centro Histórico de la ciudad de México del Gobierno del Distrito Federal, por lo que ahora permanece semi oculta en tanto remedian su situación, verdaderamente lamentable.

Recordemos que ya se habia salvado de una que otra, por allá de 1821 al termino del Virreinato, cuando se encontraba en la Plaza de Armas, tuvo que ser cubierta con una carpa de color azul al momento de entrar a la ciudad Agustín de Iturbide encabezando el Ejército Trigarante, permaneciendo así hasta después de su coronación como el emperador Agustín I, después fue trasladada al patio de la antigua Universidad para evitar que el pueblo la destruyera; Guadalupe Victoria, nuestro primer presidente de la República, propuso fundirla para reducirla a monedas y cañones de bronce, pero fue gracias a la intervención de Lucas Alamán, quien lo impidió al convencerlo de conservarla en virtud de sus cualidades estéticas.

Por azares del destino, en estos días la obra maestra del gran Tolsá, nuevamente ha sido escondida a los ojos del pueblo detrás de esa especie de malla azul, una coincidencia que no esta de más destacar.

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A pesar de los constantes hundimientos en nuestro Centro Histórico, después de 200 años el Palacio de Minería se mantiene como una obra maestra de la arquitectura neoclásica en América, diseñado y construido sobre la calle de Tacuba entre 1797 y 1813 por el escultor y arquitecto Manuel Tolsá, fue inaugurado un 3 de abril hace exactamente dos siglos.

Sede del Real Seminario de Minería y Real Tribunal de Minería, en 1847 fue tomado como cuartel por las tropas norteamericanas, desde 1893 ahí se exhibe una de las colecciones de meteoritas de Chihuahua que destacan por su tamaño, en 1909 albergó a la Cámara de Diputados, en 1910 en este lugar se realizó la última toma de protesta del dictador Porfirio Díaz, ha sido Universidad Nacional, Escuela de Ingenieros, Colegio de Minas e Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Cuentan que en su interior conservan un escritorio que perteneció a José Vasconcelos, mientras que en su biblioteca poseen libros como “Los elementos de geometria” de Euclides impreso en 1516, de entre todas la tesis que conservan de sus ex alumnos de la Facultad de Ingeniería, está la de Carlos Slim.

Pocos saben que el Palacio de Minería en su esquina con Filomeno Mata, alberga un pequeño Museo dedicado a Manuel Tolsá que vale la pena visitar.

Felicidades al Palacio de Minería por celebrar estos 200 años, aunque definitivamente quienes celebramos todo esto somos nosotros.

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Conocida por todos como el Caballito, la Estatua Ecuestre de Carlos IV es la escultura más conocida del arquitecto y escultor español Manuel Tolsá.

Miguel de la Grúa Talamanca, primer Marqués de Branciforte, Virrey de la Nueva España, uno de los más corruptos en la historia de la colonia, dentro de lo que es considerado como el principio del período de decadencia del virreinato, para congraciarse con Carlos IV, quien estaba enfurecido con él por sus actos de corrupción, le propuso realizarle una estatua ecuestre que estuviera en la Plaza Mayor de México, el monarca español aceptó, así que el virrey nombró a Tolsá como coordinador de la obra.

La primera piedra de lo que habría de ser el pedestal fue colocada el 18 de julio de 1796 por el mismo virrey; el pedestal para la estatua fue inaugurado con grandes festejos populares y corridas de toros el 9 de diciembre de ese mismo año, hubo salvas de artillería, repique de campanas y tres mil monedas de plata y bronce que el virrey, la virreina y el Regente de la Real Audiencia arrojaron por los balcones para contentar al público asistente, la celebración duró tres días; sobre el pedestal fue colocado una estatua provisional hecha de madera y estuco, recubiertas con hoja de oro, representando a Carlos IV; de las corridas de toros se consiguieron 50 mil pesos, cantidad que sobrepasó los 18,700 pesos necesarios para cubrir el total del proyecto.

Cuando Tolsá iniciaba el modelado de la escultura, se supo que la fragata asturiana que transportaba desde Cádiz 90 quintales de calamina, parte del material necesario para la fundición, había sido capturada por piratas ingleses; finalmente el inmenso molde para el vaciado quedó listo pero al no poder reunirse los 600 quintales de metal que hacían falta para su vaciado en bronce, se suspendió la obra por lo que debieron esperar tres años.

El caballito fue fundido y vaciado en una sola operación bajo la supervisión de Tolsá, el 2 de agosto de 1802 el molde se recalentó para desalojar la cera y se encendieron los hornos que calentaron los crisoles con 300 quintales de metal cada uno, a las seis de la tarde del día 4, el metal convertido en masa líquida e incandescente fue vaciado en el molde, después de cinco días la pieza se había enfriado y todo había concluido con éxito; se requirieron 600 quintales de bronce, un quintal equivale a 46 kg, y esto se llevó a cabo en el área cercana al templo de San Pedro y San Pablo, luego de ser pulido y cincelado fue llevado a su lugar designado.

Cuatro días duró el transporte de la enorme escultura de 4.88m de altura, 1.78 de ancho y 5.40 de largo, es decir ocho veces el tamaño natural y seis toneladas de peso, hasta enfilarla hacia la segunda puerta del Palacio Real; siete años después de ideado el monumento, el 9 de diciembre de 1803, cumpleaños de la reina María Luisa, esposa de Carlos IV de Borbón, siendo virrey José de Yturrigaray, se repitió la fiesta de más de tres días, recibiendo Tolsá grandes honores, las celebraciones y corridas se repitieron con gran júbilo, el barón Alexander von Humboldt estuvo presente en la develación, en su opinión y para éste género, la estatua hecha por Tolsá es solamente inferior a la ecuestre de Marco Aurelio en Roma.

En 1821, cuando entró a la ciudad el Ejército Trigarante encabezado por Iturbide, la estatua fue cubierta con una carpa de color azul, incluso hasta después de la coronación; Guadalupe Victoria, primer presidente de la República, considerando un insulto la existencia de la estatua propuso fundirla, para fundir cañones o monedas con el bronce, pero Lucas Alamán, que tenía mejor gusto, impidió tal barbaridad, convenciéndolo de conservarla en virtud de sus cualidades estéticas, como resultado fue reubicada en 1822 en el patio de la antigua Universidad, para evitar que el pueblo la destruyera, fue hasta 1824 que se permitió de nuevo su acceso al público, pero en esta localidad más segura; ahí permaneció hasta que Mariano Arista decidió trasladarla al cruce del Paseo de la Reforma y el Paseo de Bucareli, que estaba entonces en remodelación, esto en septiembre de 1852, protegida por una reja.

En mayo de 1979 el Caballito fue llevado a la calle de Tacuba, frente al Palacio de Minería, en el centro de una pequeña plaza que llevaría también el nombre de su autor.

Tolsá usó como modelo un equino perteneciente al marqués del Jaral del Berrio llamado Tambor.

Con información de todos lados, lo que le da un dejo de mito a esta escultura que México conserva como un monumento de arte.

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Este artista creo sobre el piso una Gioconda que hubiera sorprendido al mismísimo Leonardo Da Vinci, con gises de colores y carbón, frente a la entrada de el Museo Nacional de Arte y a espaldas de la Estatua ecuestre de Carlos IV “El Caballito” en la Plaza Manuel Tolsá cerca del Centro.

Y con un “!Gracias¡ por ayudarme a continuar con mis Estudios de Pintura” , así tal cual, recibe desde monedas de cincuenta centavos hasta de diez pesos… incluso boletos del metro.

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