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Posts Tagged ‘San Ángel’


En un lugar escondido de San Ángel, una fuente, tres bancas de cantera y una piedra con una hermosa inscripción, nos transportan a un universo paralelo, o mejor dicho a una ciudad paralela, donde apenas hay una que otra persona, prácticamente ni un auto moviéndose y una paz y tranquilidad infinitas entre el empedrado y las bugambilias que trepan por las paredes e incluso por las bancas dedicadas cada una a un arcángel, la primera a San Miguel, la segunda a San Gabriel y la tercera a San Rafael.

Es un pequeño jardín donde uno pensaría que han transcurrido los siglos sin modificar en lo más mínimo el entorno, donde si nos contaran que esta plazuela existe desde 1969, nos negaríamos a creerlo definitivamente, simplemente porque aquí el tiempo no existe, y así como el agua no brota de su fuente, pareciera que el tiempo no fluye de ninguna forma, uno quisiera no moverse jamás de ahí, pero volvemos al gentío y al trafico de la ciudad por una razón muy sabia, dejar solitario ese sitio para los siguientes visitantes, nos sin antes llevar en nuestros corazones el mensaje que nos contó la piedra de la Plaza de los Arcángeles:

Vale más
la gracia
de la
imperfección
que la 
perfección

sin gracia

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Aferrado a la eternidad

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En otro tiempo ya bastante lejano, éste objeto que pueden apreciar en la imagen tenia la función de permitir amarrar al caballo, medio de transporte que en su momento era usado con demasiada frecuencia incluso en la ciudad, aunque por supuesto, a éste amarre de piedra en particular aún se le puede encontrar por allá del rumbo de San Ángel, y es importante recordar que incluso a principios del siglo pasado, San Ángel era un pueblo muy apartado de la capital del país, pues bien, el objeto en cuestión, el de la imagen, parece aferrarse más que a la pared, a la eternidad, y todavía continua en su lugar, y si tuviera forma de ver, vería que por el lugar no ha pasado un jinete en su corcel desde hace muchas décadas, por ahora parece una simple decoración que no tiene sentido ni utilidad, tal vez para no sentirse tan inútil podría un ciclista darle un uso encadenando su bici con su candado de seguridad, al fin y al cabo, una especie de caballo en nuestra era.

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En el interior de esta especie de mausoleo donde por muchos años permaneció en formól el brazo derecho que Álvaro Obregón perdió durante la Batalla de Celaya en 1915, en su lugar ahora queda una replica en bronce de su brazo.

Obregón fue Presidente de México de diciembre de 1920 a noviembre de 1924, posteriormente fue reelecto en 1928, pero a los pocos días, invitado por los diputados del estado de Guanajuato, asistió a una comida en su honor en el restaurante La Bombilla en San Ángel, donde José de León Toral, quien se hizo pasar por dibujante lo asesino disparandole en la cabeza, se dice que entre la confusión Obregón recibió varios balazos de diferentes calibres.

El sitio donde se ubicaba ese restaurante hoy es el Parque de la Bombilla, se inicio este monumento el mes de junio de 1934 y fue inaugurado por el presidente Lázaro Cárdenas el 17 de julio de 1935, exactamente siete años después del evento que termino con la vida de quien fuera uno de los militares más destacados en la Revolución.
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En una especie de homenaje a Diego Rivera, en la Plaza San Jacinto de San Ángel, un caballete en el que el oleo dibuja en bajo relieve su rostro y abajo su nombre.

A casi 55 años de su ausencia, su nombre es uno de los más vivos a través del paso del tiempo, entre los grandes.

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En la Plaza de San Jacinto, en San Ángel, un busto del comandante John Riley y una placa conmemoran al heroico Batallón de San Patricio, quienes lucharon del lado del Ejército Mexicano contra la invasión de los Estados Unidos en 1847, formado por inmigrantes de origen irlandés, pero también por algunos alemanes, además de una minoría canadiense, inglesa, escocesa, polaca, italiana y extranjeros residentes en México, todos católicos.

Justo frente a ese monumento, cruzando la calle, se encuentra en la pared otra placa que recuerda lo siguiente: En memoria de los soldados irlandeses del Heroico Batallón de San Patricio, mártires que dieron su vida por la causa de México durante la injusta invasión norteamericana de 1847, a continuación aparecen 71 nombres de los “San Patricios”, entre los que se lee primero con el grado de Capitán el nombre de John O’Reilly, quien se salvo de morir fusilado contra esos muros, al parecer, falleció en la Ciudad de Veracruz, el 31 de Agosto de 1850, a la edad de cuarenta y cinco años bajo el nombre de Juan Reley.

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