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Archive for 29 septiembre 2014

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Un día como hoy pero de hace ochenta años, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas al publico con una solemne ceremonia donde el presidente Abelardo L. Rodríguez daba por inaugurado el recinto que en 1987 sería declarado monumento artístico por la Unesco, su telón se levantó por primera vez con el estreno de “La verdad sospechosa” de Juan Ruiz de Alarcón, con la primera actriz María Tereza Montoya, pocos días después su sala se llenaría de las notas del gran pianista y compositor Rachmaninoff, en 1950 María Callas debutó con la ópera Aída, Rudolf Nuréyev también subió a su escenario, aquí fueron despedidos muchos gigantes de las bellas artes como Frida Kahlo, Diego Rivera, Virginia Fábregas, María Félix, Carlos Fuentes, Octavio Paz y Gabriel García Márquez.

Afuera los festejos comenzaron desde temprano con las clásicas Mañanitas y terminaron hasta la noche con el videomapping proyectado sobre el muro del Palacio, mientras en su interior se realizaron varios conciertos y algunos eventos, esta es la historia del Palacio de Palacio de Bellas Artes tal cual se explica en su pagina oficial:

Antecedentes

El Palacio de Bellas Artes tiene como antecedente inmediato al edificio que albergaba al antiguo Teatro Nacional, considerado el más importante en su género en la vida artística y cultural de nuestro país durante la segunda mitad del siglo XIX.

Al iniciarse el siglo XX, como parte del programa de obras arquitectónicas con las que se estaba embelleciendo a la Ciudad de México, se pensó primero en renovarlo, pero se optó por demolerlo para construir otro, acorde al crecimiento urbano y cultural de la Ciudad.

La ubicación del nuevo teatro fue objeto de un minucioso estudio tanto por parte de las autoridades como por su arquitecto, el italiano Adamo Boari. Finalmente, en 1901 ya se había decidido que se situaría a un costado de la Alameda Central.

Construcción

La historia de la construcción del nuevo Teatro Nacional, llamado después Palacio de Bellas Artes, es compleja y tiene una dinámica singular; dos épocas importantes de la historia de nuestro país la definen: el régimen de Porfirio Díaz y la Revolución Mexicana.

Los trabajos iniciaron en 1904 con el objetivo de terminarlo en cuatro años; sin embargo, problemas presupuestales y técnicos fueron demorando su conclusión. Tras el estallido de la Revolución en 1910 y el agravamiento de la situación económica en el país, Adamo Boari regresa a Europa en 1916. Se había concluido, hasta esa fecha, casi todo el exterior, excepto el recubrimiento de la cúpula.

La idea generalizada de que el Teatro Nacional, en el periodo que va de 1917 a 1929, estuvo en completo abandono es difícil de sostener, pues hubo gran interés para que se terminara, tanto de algunos gobiernos posrevolucionarios como del público en general. Además, el edificio se usaba muy frecuentemente para celebrar actos importantes de la vida citadina.

A partir de 1930, bajo la presidencia de Pascual Ortiz Rubio, el arquitecto Federico E. Mariscal fue el encargado del proyecto de la conclusión del Teatro Nacional; sin embargo, no es sino hasta 1932, con el apoyo del secretario de Hacienda, Alberto J.Pani, que la obra fue revitalizada con las instrucciones precisas de concebir un edificio “asiento de una institución nacional de carácter artístico”, que albergara varios museos, de ahí que por primera vez en 30 años se cambiara el nombre del edificio, de Teatro Nacional al de Palacio de Bellas Artes. Debido a la fuerte inversión que se requería para acabar el recinto, éste debía responder a una necesidad social y ser de utilidad pública. Así, el Palacio de Bellas Artes fue concluido por el arquitecto Mariscal el 10 de marzo de 1934.

Remodelaciones

De 2008 a 2010 se llevó a cabo la mayor intervención hecha a su teatro y sala de espectáculos, en la que se renovaron plataformas, tramoya, escenario, foso, iluminación, acústica, cabinas y butaquería. Se han realizado otras rehabilitaciones en el recinto, entre las que destacan en 1993, la construcción del estacionamiento subterráneo; un año después la remodelación de las salas de exhibición del Museo del Palacio de Bellas Artes; y de 2000 a 2004, la restauración de sus cúpulas.

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Hace mucho tiempo por allá de los años ochenta, después de que llegó a esta plaza el Caballito de Manuel Tolsá, habia unas bancas donde uno se podía sentar a disfrutar el esplendoroso paisaje con los palacios de Minería y el que fuera Secretaria de Comunicaciones y Obras Publicas, hoy en día Museo Nacional de Arte, el Edificio Marconi o Garantías y por supuesto la Estatua Ecuestre de Carlos IV, mientras que ahora los escalones de su pedestal sirven para descansar un rato…

Debo confesar que esta pequeña pero hermosa plaza fue la primera que me cautivo dentro del Centro Histórico, además de que me trae muy buenos recuerdos de una época en mi vida a finales de los ochenta, extraño las bancas por supuesto, pero en este momento todos extrañamos más al Caballito de Tolsá que cayó en desgracia cuando el año pasado intentando restaurarlo, lo dañaron con ácido nitríco.

En este espacio que años atrás en el siglo diecinueve le pertenecía al Hospital y al Templo de San Andrés, el cual Benito Juárez mando derrumbar dando lugar a esta plaza, el tiempo y la gente parecen desacelerar su paso.
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Tanto la vista desde el Palacio de Bellas Artes hacia la Torre Latinoamericana, como desde lo más alto de este edificio hacia lo que fuera la construcción inconclusa de Adamo Boari, que finalmente terminó Federico Mariscal treinta años después, es única, espectacular, si no lo creen siéntense un momento y observen cada detalle, las esculturas en mármol de Bellas Artes, los Pegasos de Querol, la Alameda a tiro de piedra como dicen por ahí, la Latino con esa imagen tan de los cincuentas, los edificios La Nacional y el de Sears que son casi gemelos, hasta los transeúntes que cruzan el Eje Central, unos que van y otros que vienen, tiene su encanto…

¿Quién no se a tomado un descanso frente al Palacio de Bellas Artes al menos una vez en su vida?

¿Cuánta gente no ha estado ahí a lo largo de sus ochenta años?
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Todos, estoy seguro, tenemos nuestros lugares favoritos dónde disfrutamos estar las horas, muchas veces solos, donde nos damos un momento para pensar sobre nuestras vidas o simplemente para contemplar el entorno, en mis años de juventud y al vivir cerca de Chapultepec me gustaba perderme por sus caminos, sentarme un ratito por ahí y quedarme largos momentos.

Nuestro Zócalo también tiene su encanto, en especial esos días entre semana cuando a pesar de tanta gente, hay menos que en fin de semana, en especial cuando el atardecer hace relucir las joyas de nuestro Centro Histórico, Catedral y Palacio Nacional, en especial cuando aprendemos a sentir aprecio por todas esas maravillas que fueron concebidas muchas de ellas con las mismas piedras de aquel mítico Tenochtitlan.
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Los tres hombres en disposición diagonal caen apoyados en sus cuerpos contra el bloque de piedra que les sirve de parapeto, el conjunto expresa la tensión, la fuerza y el dolor de la lucha revolucionaria, el manejo de los claroscuros y de los rojos sugiere al espectador el fuego y la sangre contenida. De esta manera la pagina oficial de lo que fuera la Escuela Nacional Preparatoria nos describe esta obra.

Entre 1924 y 1926, unos de los muralistas más importantes de nuestro país, José Clemente Orozco, plasmó en los paredes del Antiguo Colegio de San Idelfonso, en sus tres niveles, una serie de frescos que nos describen escenas de la revolución, la pobreza, los excesos de los ricos y tantos otros temas que varias décadas después siguen siendo actuales, quizá uno de los más famosos de estos trabajos es La trinchera, que los adultos mayores recordaran en los billetes de cien pesos de antaño, donde también aparecía la figura de Don Venustiano Carranza, mientras que los adolescentes de estos tiempos modernos, pudieron conocer esta imagen gracias al boleto que tuvieron que adquirir cuando sus maestros los obligaron a ir a San Idelfonso para hacer un trabajo sobre la exposición Darwin: Apto para todas las especies, pero un día en el futuro, estos mismo individuos, regresaran a este museo por voluntad propia…

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The fab four & the big one

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Aquí cuatro especímenes de escarabajos ingleses, beetles, frente a otro más grande que ellos, al menos en apariencia, nada es lo que parece, ¿eres tú Elvis?

Lo siento, no pude evitar la comparación.

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Las dos Fridas

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Un 17 de septiembre pero de 1925, por los rumbos de Coyoacan, Frida Kahlo sufría un terrible evento cuando al regresar de la escuela hacia su casa en autobús, éste fue arrollado por un tranvía, todos sabemos lo trágico que fue ese día en su vida, pero finalmente, aquel evento fue lo que la hizo acercarse, o mejor dicho, refugiarse en la pintura, ya que la joven Frida de apenas dieciocho años comenzó a pintar durante su convalecencia y no lo dejaría de hacer, muchas veces desde aquella cama en la que se encontraba postrada.

En 1939 Frida Kahlo terminó un autorretrato donde reflejaba sus dos personalidades: Las dos Fridas, en este cuadro, asimilaba la crisis marital, a través de la separación entre la Frida en traje de tehuana, el favorito de Diego, y la otra Frida, de raíces europeas, la que existió antes de su encuentro con él, los corazones de las dos mujeres están conectados uno al otro por una vena, la parte europea rechazada de Frida Kahlo amenaza con perder toda su sangre; el 6 de noviembre de 1939 Kahlo y Rivera se divorcian, tras una serie de infidelidades, donde el asunto más doloroso para Frida es la relación entre Diego y su hermana.

Afortunadamente, nosotros, todos los mortales comunes y corrientes, tenemos la oportunidad de poder observar este maravilloso ejemplo del surrealismo creado por Frida Kahlo, ya que Las dos Fridas, óleo sobre tela, es acervo del Museo de Arte Moderno, por lo que se exhibe casi siempre en alguna de sus salas.

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