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Posts Tagged ‘Tlatelolco’


En los tiempos cuando privilegiando al automóvil, los ríos y los canales como el de la Viga o los desecaron o fueron entubados, en esos días cuando toda una época lacustre llegaba a su fin, apareció éste, el primer puente vehicular de La Ciudad de México que servía para librar las vías del tren de la estación de Buenavista, hoy bajo ese puente a desnivel pasa el Tren Suburbano que va hacia Cuautitlán, sobre él circula el Metrobús y por encima, nadie se lo hubiera imaginado, cruza otro puente, el de la avenida Ricardo Flores Magón.

Inaugurado a principios de la década de los años cuarenta también fue escenario de varias películas, una de ellas, Del brazo y por la calle estrenada en 1956 bajo la dirección de Juan Bustillo Oro, la cual entre el 132 de la avenida Insurgentes, la parroquia de San Miguel y por supuesto el Puente de Nonoalco, nos narra la historia de María y Alberto, quienes tratan de superar todas las adversidades a las que se enfrentan.

Lupita Palomera cantó en su momento un bolero de la autoría de Rodolfo Mendiolea, En el Puente de Nonoalco donde el amor, la esperanza y el puente en cuestión son los elementos estelares:

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí
yo presiento que tú vuelves
que tú vuelves como ayer
como cuando no pensabas
en dejarme de querer.

Todas las noches
desde este puente
Rezo en silencio
para que vuelvas
y sé que pronto
vendrás de nuevo
por eso espero
confiada aquí.

Aferrada a tu recuerdo
noche a noche me encamino
hacia el Puente de Nonoalco
esperando verte ahí.

Sin embargo la tragedia también ha acompañado a este puente que alguna vez fue de doble sentido y tenía escaleras para subir a él, las cuales seguramente fueron retiradas para hacer desistir a aquellos con tendencias suicidas, quienes con el paso del tiempo tristemente han ampliado sus opciones en esta inmensa ciudad, de cualquier manera mejor hay que quedarnos con lo bello de un puente único y diferente a todos, el más antiguo de nuestra Ciudad de México.

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Esta obra del escultor Federico Silva, quien fue asistente de Siqueiros en la época de los murales del Palacio de Bellas Artes, realizó un par de esculturas que se encuentran en Tlatelolco, una de ellas en la esquina del Eje Central y la avenida Ricardo Flores Magón, el Alushe matematico, y en la Plaza de las Tres Culturas ésta otra, el Alushe de la muerte, de la cual el Centro Cultural Universitario Tlatelolco nos da la siguiente descripción de la escultura: reitera los principios de la identidad cultural entablando un diálogo entre lo moderno y el pasado prehispánico.

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La primera iglesia dedicada al Apóstol Santiago fue edificada en Tlatelolco inmediatamente después de la conquista militar. Algunos españoles afirmaron que durante las batallas, la aparición del Santo Santiago fue determinante para alcanzar la victoria.

Después de dos primeras construcciones, el edificio actual del Templo de Santiago fue inaugurado por Fray Juan de Torquemada en 1610. Como resultado de la guerra de Reforma, el templo de Santiago sufrió enormes saqueos. Posteriormente, en el Porfiriato, se convirtió en almacén de explosivos de los Ferrocarriles Nacionales. En 1948 fue rehabilitado como templo católico y puesto en funciones bajo la orden de sus fundadores, los franciscanos.

El templo, de planta en forma de cruz, tiene una clara reminiscencia medieval europea. Su portada oeste está dividida en tres segmentos, siendo el tercero donde estaba el receptáculo del Santo Patrono.

La fachada norte ostenta símbolos indígenas novohispanos, en la parte baja, aparece flanqueando cada lado del acceso, un receptáculo para santos, con molduras a manera de columnas que soportan el segundo segmento. En él aparece la escultura de Santiago. En los extremos, existen floreros que tienen la particularidad de tener escarificaciones.

El frontón de forma triangular ostenta en su parte baja, sobre la imagen del santo, una serie de ortas con escarificaciones, que son el símbolo de Tlatelolco, “El montículo de arena” colocado de manera inversa. Dentro del frontón aparece un escudo ovalado que contiene los estigmas de San Francisco y por detrás de él, aparece flechas y macanas indígenas. Finalmente, ocupando el vértice superior, aparece un águila sujetando el escudo que sin duda, se trata del emblema del señorío México-Tlatelolco.

Data in situ
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En 1944, el gran muralista David Alfaro Siqueiros elaboro en el Tecpan de Tlatelolco este trabajo en piroxilina sobre triplay y masonite, donde nos ilustra el mito del centauro jinete como símbolo de la conquista española, complementado en las esquinas inferiores con un par de esculturas.

Es la primera obra plástica mixta de Siqueiros con la aplicación de pinturas modernas y soportes de madera, masonite y esculturas realizadas por Luis Arenal, el autor intenta recrear el movimiento de las figuras principales a través de una perspectiva tridimensional, en primer plano, a la derecha, aparece Cuauhtemoc tomando las armas para detener la destrucción de su mundo a manos de los conquistadores europeos, que son interpretados como centauros cuyas fuerzas principales son la religión y las armas de fuego (esquina superior izquierda), bajo las patas del caballo aparece la cabeza de un indígena decapitado, y de frente aparece Quetzalcoatl como símbolo de desarrollo milenario del México prehispánico, al centro Moctezuma II implora desconcertado a los dioses que le expliquen porqué el supuesto regreso de Quetzalcoatl (en la figura de Cortés) implicó la caída de su imperio, apreciándose al fondo los templos incendiados.

Data in situ

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El edificio Chihuahua del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco ha padecido varios momentos difíciles, los dos peores sin duda, fueron el terremoto del 19 de septiembre de 1985, cuando muy cerca de él cayó el edificio Nuevo León, otro trágico momento fue la matanza estudiantil del 2 de octubre de 1968 y las horas que posteriormente le transcurrieron la mañana siguiente con detenidos y asesinados en las escaleras y pasillos del interior del edificio.

Terminado en el año 1961 por el arquitecto Mario Pani, fue remodelado en 1980 para reforzar su estructura, después del sismo fue reparado y reforzado de nuevo con columnas en el año 1989, al parecer hoy en día sufre una ligera inclinación hacia un lado.

Este año se realizó en la Ciudad de México el primer festival All City Canvas, y dentro de este Festival de arte urbano varios edificios fueron intervenidos por artistas internacionales, a Escif, artista valenciano, le tocó hacer lo propio en el costado que da al Jardín de Santiago, donde plasmo a un par de individuos en una escena un tanto cotidiana, una especie de riña de altura.

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Una placa muy cerca de esta escultura en Tlatelolco nos explica lo siguiente:

Médicos mexicanos por la prevención de la guerra nuclear, IPPNW/México
Paz, justicia y salud.

Las bombas atómicas que hicieron blanco en Hiroshima y Nagasaki (agosto 1945), constituyen el genocidio más obsceno de la historia humana.

70,000 personas murieron en los primeros cinco minutos de la explosión. Los 25,000 niños que fueron carbonizados, dejaron su adiós de fe… que los niños mexicanos recogen y valientes piden nuestra solidaridad para vivir. Los médicos mexicanos luchan de su lado, para prevenir una nueva catástrofe nuclear, en defensa de la vida en el planeta, antes que la humanidad inocente descienda al cadalso obscuro de su extinción.

Los niños saliendo de esa obscuridad amenazante, van en busca del nuevo sol de la esperanza que brillará con el polvo de las estrellas y el calor de los luceros… Ayudemoslos y estaremos protegiendo el mayor tesoro de la patria.

Este monumento del escultor Carlos Espino se erige aquí en el XI Congreso Mundial de la Federación Internacional de Médicos para la Prevención de la Guerra Nuclear.

Octubre 01-04, 1993.

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Hace poco más de dos años el artista Thomas Glassford realizó una instalación en la torre del Centro Cultural Universitario Tlatelolco, antiguo edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, para conmemorar el Centenario de la Universidad Nacional, muy cerca de la Plaza de las Tres Culturas, donde una especie de red de luz neón azul y rojo se extiende por las cuatro fachadas del edificio, algo así como un faro que en las noches de la ciudad de México es una referencia cercana al Centro Histórico.

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El Jardin de Santiago es uno de esos lugares que te salen de pronto en el camino quien sabe de donde, muy tranquilo, apacible y amplio, después de un paseo por la Plaza de las Tres Culturas y yendo en dirección al Paseo de la Reforma, inesperadamente apareció como una agradable sorpresa, posee en su interior una muy bonita construcción redonda que en lugar de muros tiene un círculo de columnas que sustentan el techo, comúnmente llamada monóptero, y que a pesar de no ser muy grande tiene una excelente acústica en su reducido espacio, bastante agradable para jugar un rato al eco.

Realizado por el Arquitecto Mario Pani Darqui dentro del proyecto del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco entre 1960 y 1965, se dice que esos terrenos fueron anteriormente los patios de maniobras de la estación de carga de los Ferrocarriles Nacionales de México.

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Diego Rivera pasó todo un año identificando y calculando la ubicación de cada edificio basándose en la descripción de Fray Bernardino de Sahagún, tras un largo proceso de investigación, reprodujo todos los productos que se vendían en el mercado, así como a los vendedores, hasta mostró la crueldad del guerrero que le regala un brazo a una dama, para ganarse sus afectos.

Este mural realizado en 1945 en el Palacio Nacional muestra una visión personal sobre lo descrito por los conquistadores españoles que conocieron el mercado de Tlatelolco en 1519.

A continuación un fragmento de la Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva España de Bernal Díaz del Castillo:

“… Y desde que llegamos a la gran plaza, que se dice el Tatelulco, como no habíamos visto tal cosa, quedamos admirados de la multitud de gente y mercaderías que en ella había y del gran concierto y regimiento que en todo tenían. Y los principales que iban con nosotros nos lo iban mostrando; cada género de mercaderías estaba por sí, y tenían situados y señalados sus asientos. Comencemos por los mercaderes de oro y plata y piedras ricas y plumas y mantas y cosas labradas, y otras mercaderías de indios esclavos y esclavas; digo que traían tantos de ellos a vender a aquella gran plaza como traen los portugueses los negros de Guinea, y traíanlos atados en unas varas largas con colleras a los pescuezos, porque no se les huyesen, y otros dejaban sueltos. Luego estaban otros mercaderes que vendían ropa más basta y algodón y cosas de hilo torcido, y cacahuateros que vendían cacao, y de esta manera estaban cuantos géneros de mercaderías hay en toda la Nueva España, puesto por su concierto de la manera que hay en mi tierra, que es Medina del Campo, donde se hacen las ferias, que en cada calle están sus mercaderías por sí; así estaban en esta gran plaza, y los que vendían mantas de henequén y sogas y cotaras, que son los zapatos que calzan y hacen del mismo árbol, y raíces muy dulces cocidas, y otras rebusterías, que sacan del mismo árbol, todo estaba en una parte de la plaza en su lugar señalado; y cueros de tigres, de leones y de nutrias, y de adives y de venados y de otras alimañas, tejones y gatos monteses, de ellos adobados, y otros sin adobar, estaban en otra parte, y otros géneros de cosas y de mercaderías.

Pasemos adelante y digamos de los que vendían frijoles y chía y otras legumbres y yerbas a otra parte. Vamos a los que vendían gallinas, gallos de papada, conejos, liebres, venados y anadones, perrillos y otras cosas de este arte, a su parte de la plaza. Digamos de las fruteras, de las que vendían cosas cocidas, mazamorreras y malcocinado, también a su parte. Pues todo género de loza, hecha de mil maneras, desde tinajas grandes y jarrillos chicos, que estaban por sí aparte: y también los que vendían miel y melcochas y otras golosinas que hacían como nuégados. Pues los que vendían madera, tablas, cunas y vigas y tajos y bancos, todo por sí. Vamos a los que vendían leña, ocote, y otras cosas de esta manera. Qué quieren más que diga que, hablando con acato, también vendían muchas canoas llenas de yenda de hombres, que tenían en los esteros cerca de la plaza, y esto era para hacer salo para curtir cueros, que sin ella dicen que no se hacía buena. Bien tengo entendido que algunos señores se reirán de esto; pues digo que es así; y más digo que tenían por costumbres que en todos los caminos tenían hechos de cañas o pajas o yerba, porque no lo viesen los que pasan por ellos; allí se metían si tenían ganas de purgar los vientres, porque no se les perdiese aquella suciedad. Para qué gasto yo tantas palabras de lo que vendían en aquella gran plaza, porque es para no acabar tan presto de contar por menudo todas las cosas, sino que papel, que en esta tierra llaman amal, y unos cañutos de olores con liquiámbar, llenos de tabaco y otros ungüentos amarillos y cosas de este arte vendían por sí; y vendían mucha grana debajo los portales que estaban en aquella gran plaza. Había muchos herbolarios y mercaderías de otra manera; y tenían allí sus casas, adonde juzgaban, tres jueces y otros como alguaciles ejecutores que miraban las mercaderías. Olvidado se me había la sal y los que hacían navajas de pedernal, y de cómo las sacaban de la misma piedra. Pues pescadores y otros que vendían unos panecillos que hacen de una como lama que cogen de aquella gran laguna, que se cuaja y hacen panes de ello que tienen un sabor a manera de queso: y vendian hachas de latón y cobre y estaño, y jícaras y unos jarros muy pintados, de madera hechos.

Ya quema haber acabado de decir todas las cosas que allí se vendían, porque eran tantas de diversas calidades, que para que lo acabáramos de ver e inquirir, que como la gran plaza estaba llena de tanta gente y toda cercada de portales, en dos días no se viera todo. Y fuimos al gran cú, y ya que íbamos cerca de sus grandes patios, y antes de salir de la misma plaza estaban otros muchos mercaderes, que, según dijeron, eran de los que traían a vender oro en granos como lo sacan de las minas, metido el oro en unos canutillos delgados de los de ansarones de la tierra, y así blancos porque se pareciese el oro por de fuera; y por el largor y gordor de los canutillos tenían entre ellos su cuenta qué tantas mantas o qué xiquipiles de cacao valía, o qué esclavos u otra cualesquiera cosas a que lo trocaban”.

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Este edificio también conocido como la Torre Banobras, es el más alto de la zona de Tlatelolco, cuando se terminó en 1962 fue el segundo después de la Torre Latinoamericana en la misma delegación Cuauhtémoc, hoy en día es el tercero de la Avenida Insurgentes, fue uno de los cinco más altos de los años sesenta y setenta, y al menos durante este año sigue siendo el vigésimo quinto más alto en la Ciudad de México, mientras que en la República Mexicana aun ocupa el puesto vigésimo octavo… estas estadísticas cambiarán para el 2011.

La Torre Insignia que actualmente se encuentra en remodelación, fue construida con una forma de prisma triangular por el arquitecto Mario Pani Darqui, quien entre sus obras y proyectos se pueden mencionar la Escuela Normal de Maestros, el Conservatorio Nacional de Música, la Torre de Rectoría de la Ciudad Universitaria de la UNAM, el Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco, además de participar en el Plan Maestro de Ciudad Satélite en colaboración con su Taller de Urbanismo.

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