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Archive for 29 junio 2012


Ayer nuestro Centro Histórico amaneció sin un sólo vendedor ambulante entre sus calles, en su lugar, se podía apreciar bastantes policías vigilando, varios entre esquina y esquina.

Seria grandioso que todos los días fueran así, sin la multitud de vendedores invadiendo las banquetas más la muchedumbre de curiosos o compradores que no dejan avanzar, por donde uno camina con mucha dificultad.

Pero todos sabemos que esto no es más que un castigo a los ambulantes por los disturbios de un día antes en Tepito y en la Morelos, es una lastima que este tipo de acontecimientos sucedan en nuestra ciudad, el vandalismo no cabe en una ciudad tan maravillosa como la nuestra.

Sin embargo insisto, seria grandioso que todos los días fueran así.

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Pintura al fresco sobre aparejo
1966

Venustiano Carranza se yergue, pluma en mano, más allá de la destrucción que dejó tras de sí la Revolución Mexicana, para redactar y firmar los decretos y leyes que institucionalizaron el movimiento. La mano que señala al cielo simboliza la justicia y la razón. El ejército constitucionalista, desfilando pertrechado, simboliza la fuerza de las armas.

A la izquierda de Carranza, y protegidos por el águila, emblema nacional, se observan los rostros de los Constituyentes de 1917.

En conjunto, el mural sintetiza una concepción heroica y monumental de las bases constitucionales que han sustentado al México surgido de la Revolución iniciada en 1917.

Data in situ

Cuentan que para ejecutarlo leyó varios libros sobre la vida del constituyente, después expresó entonces ya conocer a Carranza, por lo que ya lo podía pintar en el Museo de Historia del Castillo de Chapultepec, permaneció alrededor de un año junto a su hijo Jorge González Camarena Saint Leu de 17 años de edad, quien participaba como su ayudante, esto como “castigo” por haber sido expulsado de la escuela, así lo menciona el mismo hijo de González Camarena, y además agrega en un articulo publicado en El Universal hace unos diez años lo siguiente:

“En ese momento empezó mi chamba, que se convirtió en el año más importante de mi vida, fue mi formación no sólo como hombre sino también como profesional, ya que en el transcurso de la realización de este mural fui aprendiendo cómo se manejaban diferentes materiales como la fibra de vidrio, óleos, acrílicos, etcétera. También, sin darme cuenta, aprendí aritmética, geometría, composición y descomposición de los elementos, de tal manera que al haber lavado los pinceles y preparado los materiales aprendí a diseñar. Fue un año de trabajo muy intenso, sin horario, a tal grado que teníamos no sólo una cocina improvisada, sino también dos catres, de esa forma puedo presumir que soy uno de los pocos mexicanos que ha vivido en el Castillo de Chapultepec”.

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En 1749 Miguel de Berrio y Zaldívar, criollo nacido en la Ciudad de México, contrajo matrimonio con Ana María de la Campa Cos, hija del primer conde de San Mateo de Valparaíso. Ambos reunieron sus vastas propiedades formando una de las mayores fortunas de la Nueva España: desde Zacatecas hasta la Ciudad de México, sus haciendas, ranchos y trojes abastecieron cereales y carne a villas y ciudades. El 10 de febrero de 1752 nació su hija María Ana, y en ese mismo año compraron una propiedad en la calle de San Francisco con un costo de 35 mil pesos.

María Ana contrajo matrimonio con el noble siciliano Pedro de Moncada, y la casa de San Francisco se remodeló para ellos. El arquitecto Francisco Guerrero y Torres elaboró el diseño, pero fue su cuñado quien terminó la obra que duró 15 años y costo 113 mil pesos. Tiempo después, Juan Nepomuceno Moncada y Berrio, tercer marqués del Jaral, heredó el palacio, para entonces conocido como “de Moncada”. En 1813 lo prestó a Felix María Calleja, y a Agustín de Iturbide en 1821. El pueblo comenzó a llamarle “Palacio de Iturbide” por haber sido la residencia del primer emperador del México independiente. De 1830 a 1834 fue sede del Colegio de Minas, y de 1847 a 1848 lo ocuparon las tropas invasoras estadounidenses. En 1851Anselmo Zurutuza compró el inmueble y lo destinó a Hotel de Diligencias, que desde 1856, y hasta 1869 fue propiedad de Germán Landa.

Durante la Intervención Francesa el hotel alojó a los jefes y oficiales del ejército invasor hasta 1867. Dos años después, Francisco Iturbe compró el palacio, y en 1899 el arquitecto Emilio Dondé fue contratado para repararlo. La revolución de 1910 y sus secuelas afectaron la suerte del edificio, en 1930 fue clausuado como hotel y destinado a oficinas y comercios de distintos giros, entre ellos: los ferrocarriles nacionales, Pegaso Films, la Casa de ModasMaría Pavignani y las Aerovías Reforma. Un año después, fue declarado “Monumento Nacional”, y en 1964 lo adquirio el Banco Nacional de México y lo restauró bajo la dirección del arquitecto Ricardo Legorreta. Desde 1971 ha sido sede de Fomento CulturalBanamex A.C., y en 2004 fu reinagurado como Palacio de Cultura Banamex para ser centro de actividades artísticas y educativas.

Data in situ

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Porfirio Díaz continua viviendo en el Castillo de Chapultepec, al menos temporalmente mientras conserven su busto en una de las salas.

Es curioso que siendo él quien promovió el arte en aquellos días durante el Porfiriato, dándoles la oportunidad a talentosos escultores al enviarlos a Francia para desarrollar su técnica, a pesar de ello, este busto parece ser la única escultura de Don Porfirio en todo el país.

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En su estado natural, mudo y en blanco y negro, el clásico personaje creado por Charles Chaplin, ocupa un breve espacio en nuestra ciudad, muy cerca del metro Consulado de la linea 5, en un pequeño jardín donde la obra del escultor Víctor Gutiérrez permanece desde 1982, apenas cinco años después del fallecimiento de Chaplin, quien nació en 1889.

La realidad es un poco distinta, contrasta el exagerado colorido del entorno y el constante ruido de los autos que fluyen a altas velocidades sobre el Circuito Interior y el Eje 2 Oriente, mientras que el lugar luce un tanto abandonado, encharcado y sucio, sólo en ocasiones, alguien que pasa, ya sea en su vehículo, en el metro o caminando, lo rescata al dedicarle una mirada.

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En una especie de homenaje a Diego Rivera, en la Plaza San Jacinto de San Ángel, un caballete en el que el oleo dibuja en bajo relieve su rostro y abajo su nombre.

A casi 55 años de su ausencia, su nombre es uno de los más vivos a través del paso del tiempo, entre los grandes.

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De niño una de las tantas cosas verdaderamente disfrutables de mi infancia era que me compraran una revista llamada Colibrí, para luego hojearla mientras me perdía en el embeleso de sus colores, sus dibujos y lo que contaban sus letras, no tengo recuerdos de su contenido, pero sé que su entraña me llenaba de felicidad.

Ahora de grande, una de aquellas cosas igualmente disfrutables en mi vida, es contemplar a un Colibrí desarrollando su hermosisimo acto de volar y suspenderse en el aire, un momento poco común que suele durar muy poco, sin embargo suelen ser instantes que me proveen de una enorme dicha.

Hace unos días sucedió algo absolutamente improbable, iba por la calle con mi hija y en el parabrisas de un automóvil vimos a un Colibrí que no podía volar, tal vez era muy pequeño y había caído del árbol de junto, por lo que lo agarre con mucho cuidado y lo coloque en una parte alta del tronco, esperando que quedará ahí más seguro, pero no pude evitar el tomarme unos segundos para capturar una imagen del momento, como no puedo evitar hacer la mención de que soy uno de los pocos mortales a lo largo de la historia de la humanidad que han podido sostener en su mano a un Colibrí.

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